Estamos ad-portas de que se termine la pesadilla del gobierno petrista, que tanto daño le produjo a Colombia. Petro es un personaje siniestro, siempre lo hemos afirmado, dado que conocíamos de sobra su vida desde que apareció formando parte de la guerrilla del M-19.
El tiempo, los hechos protuberantes, su incoherencia mental, su proverbial mitomanía, su relevante deslealtad, su drogadicción manifiesta, sus aberraciones sexuales y su marxismo desbordado, han corroborado nuestras apreciaciones.
En su perorata de despedida en el sur de Bogotá, después del desfile militar, volvió a mostrar algunas de las facetas anotadas; se atrevió a expresar sin sonrojarse de que su gobierno pasará a la historia como uno de los mejores.
Lo peor y por ello es tan censurable, es que él está convencido y no duda de que ha sido un gobernante ejemplar y sus asesores, ministros, familiares y allegados le hacen eco.
Aquella gente que a duras penas se entera de las cosas, cree que con Petro todo cambió, lo cual es cierto. Infortunadamente todo ha cambiado, pero para desgracia de los colombianos; no podemos dudar de que se ha acelerado la pobreza, se ha resquebrajado la institucionalidad y con su proceso de
paz en general, se han fortalecido los grupos subversivos especialmente las guerrillas comunistas, es decir el Eln y las disidencias de “Mordisco”.
Igualmente han crecido las bandas criminales y la mal llamada guerrilla gaitanista o Clan del Golfo; todos estos malhechores sin excepción son producto del narcotráfico.
La salud, según Petro, mejoró y ocurre puesto que todos lo hemos percibido de que está en un total deterioro; desde el punto de vista de la igualdad y la equidad asegura que su gobierno es el único que se ha preocupado por esos aspectos.
Sin querer queriendo en sus palabras tergiversa la verdad, no le cuesta trabajo falsear la historia y acomodarla a su propia narrativa; por ejemplo, refiriéndose a Carlos Pizarro su ídolo político y amigo sui géneris, lo hace ver como un hombre de paz. Por ende, su enigmático sombrero reposaba en urna especial en el Palacio de Nariño como un símbolo del pacifismo pizarrista, patrimonio de su pueblo y de Colombia. Ese es el sentir petrista.
Pero la verdad significa más una representación revolucionaria de la guerra. A su hija María José Pizarro le hizo entrega del famoso sombrero.
Su historia petrista tiene que ver con el rescate del sombrero en el avión de Avianca, en el cual murió Pizarro al recibir varios disparos.
De otra parte, se inventó de que lo había mandado matar Julio Mario Santodomingo, en ese entonces principal accionista de esa empresa. La orden de la autoría del homicidio la pone en cabeza del general Maza Marquez director del DAS de la época; son acusaciones irresponsables y sin fundamento.
Esta manifestación indudablemente nutrida se llevó a cabo en el sur de la ciudad, su fortín político que constituyó en la alcaldía de Bogotá. Diariamente entregó mercados cuyo destino eran los moradores de esos barrios sureños; en consecuencia, el agradecimiento es perenne.
El contenido de ese discurso se sintetiza en desconocer el triunfo de Abelardo, desacreditarlo, señalándolo de fascista y repetir su teoría del fraude. Por otro lado, aseveró que el presidente electo violaría nuestra Constitución.
A su juicio Abelardo es un mandatario extranjero, impuesto por los Estados Unidos, con intervención directa del presidente Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio.
Instó a las centrales obreras, a las madres cabezas de familia y a todo el pueblo a rebelarse contra el presidente electo; esto es una convocatoria comunista a una huelga general, con miras a paralizar el gobierno entrante.
La espada de la libertad la devolvió a la Casa de Bolívar y la sotana del cura Camilo Torres es posible que la entregue a su familia.
Tal vez la única aserción cierta en su discurso dicharachero se relaciona con el aumento del salario mínimo y los reajustes salariales de soldados y policías. De resto pura palabrería populachera, que infortunadamente entusiasma y cala en las masas que lo escuchan.
En la instalación de las Cámaras, repitió lo que dijo en la plaza pública. Sucedió algo inexplicable para efectos de la elección del Presidente del Congreso, Honorio Henríquez, consistente en que se unieron Uribe y Petro con el propósito de elegir al candidato que se oponía al de Abelardo; esta alianza no pasó de ahí.
Curiosamente los partidos tradicionales, Cambio Radical y el Partido Verde, votaron al lado de Abelardo.