Los países de América acordaron fortalecer sus capacidades de anticipación, preparación y articulación regional ante los potenciales impactos del fenómeno de El Niño en la producción agropecuaria y los sistemas agroalimentarios, que sin duda será de gran ayuda para paliar los posibles efectos dañinos que puede dejar este fenómeno, de acuerdo con los científicos que desde hace bastante tiempo han alertado sobre la situación.
La respuesta frente a El Niño empieza antes de la emergencia, cuando la información y las alertas se transforman en decisiones, inversiones y acciones para proteger la producción, los ingresos y los medios de vida. Actuar a tiempo reduce pérdidas y costos y para hacerlo a escala, debemos unir ciencia, tecnología, innovación, gestión del riesgo, protección social y financiamiento, para lograr enfrentar lo que se viene para la región.
En esta realidad que se vive, las autoridades deben aprobar una resolución en la que encomiendan a los institutos del área una respuesta articulada con cada país que incluya la actualización y ejecución de planes de acción, la puesta a disposición de experiencias con resultados positivos, el fortalecimiento de una visión regional sobre los escenarios, riesgos, demandas y capacidades disponibles; y la promoción de la cooperación Sur-Sur e intercambio de conocimientos.
Todo esto se debe enfrentar con los participantes de diversos países de la región y las representaciones de los institutos en cada país del hemisferio para intensificar el diálogo con los actores del sector agropecuario y conocer sus prioridades, las acciones que ya están desarrollando y las áreas en las que requieren acompañamiento.
Como resultado de este acercamiento, en cerca del 30 % de los países se podrán identificar necesidades y solicitudes concretas de cooperación técnica vinculadas a El Niño, y se puede estimar que durante los próximos seis meses podrían surgir demandas en aproximadamente el 80 % de los países.
Las prioridades se deben concentran en tres líneas de acción: monitoreo y gestión de riesgos, adaptación y recuperación productiva, y gestión del agua y resiliencia hídrica.
Otra de las ventajas es que la información que los países están compartiendo permite pasar de una lectura general del riesgo a una agenda concreta de cooperación. El desafío ahora es transformar esas prioridades en acciones anticipatorias, conectar las capacidades que ya existen y movilizar las alianzas y los recursos necesarios para proteger la producción agrícola, los ingresos y los medios de vida rurales.
Este fenómeno de El Niño tendrá impactos diferentes en las Américas y sus efectos variarán según la región, el territorio y los sistemas productivos; mientras algunas zonas podrían enfrentar sequías, déficit hídrico y temperaturas superiores al promedio, otras podrían registrar lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos.