Sin excepción todos los gobiernos comunistas de países europeos, asiáticos o hispanoamericanos, dejan a sus pueblos en la inopia económica, por no decir en la miseria absoluta; ya conocemos de sobra lo sucedido en la Unión Soviética, Corea del Norte, Cuba, Nicaragua, Venezuela y lo acontecido en nuestro territorio con el petrismo.
El manejo económico es sencillo, no tiene misterio; se trata de pasar de la economía doméstica con austeridad, a una macroeconomía de una nación dentro de un criterio de sentido común, prudencia y responsabilidad.
Empero, entre los gobernantes leninistas no existe en sus mentes sino el despilfarro y los robos que favorecen al entorno presidencial; un gasto sin medida, un incremento de subsidios y préstamos, con fines sociales y electorales. Es decir, gastan más de aquello que reciben y sobre todo les interesa raspar la olla, hasta el punto de destruir su país, eso es lo que buscan y ese es el comportamiento de sus jefes de Estado. Son estados derrochones y populistas y todo ello se corrobora en el libro de Paul Martí: “Anatomía Financiera”.
Esas son las deudas de los países de izquierda radical o bolcheviques, cuyos costos son ocultos para la sociedad. Esos Estados carecen de dinero propio; reciben impuestos y endeudamiento, este último es justamente la
deuda pública; se emiten bonos que los venden en el mercado internacional, como lo ha hecho Petro, pero con intereses muy altos, habida cuenta de que las calificadoras de riesgo nos encasillan en cuidados intensivos, con baja calificación.
De esa manera se obtiene de inmediato la disponibilidad de dinero, con el cual han repartido mermelada entre Senadores y Representantes, a efectos de que les sean aprobadas en el Congreso, las reformas sociales y desde luego también se han apropiado de buena parte de esa liquidez monetaria, con destino a funcionarios, familiares y allegados de Petro.
Los bonos son una promesa institucional, con base en impuestos futuros, que serán los que cubrirán tales empréstitos.
Algo semejante al gasto del dinero en asuntos personales, cuando la empresa se encarga de cancelar estos valores; igualmente sucede si se aplica en la compra de votos; es decir, no se aprecia, ni se conoce el control austero.
Haciendo un símil, es el caso de un administrador de un condominio que gasta en fiestas y por esa razón es elegido. Si subiera la cuota de administración para cambiar los muebles de la recepción, arreglar los jardines y reforzar con cerradura de seguridad la puerta de entrada al edificio, no volvería a ser elegido.
Con los impuestos a duras penas se finiquitan los intereses de la deuda pública. En el sector privado al deudor moroso se le embarga y remata sus activos y así se pagan sus deudas; ese es el modus operandi de las entidades bancarias.
En estos gobiernos hay un crecimiento desmedido y permanente del gasto, dado que primero es necesario pagar el sueldo de sus empleados, los subsidios, los reajustes salariales y queda muy poco para mantenimiento de carreteras, construcción y remodelación de hospitales u obras sociales.
Con Petro, el déficit fiscal llegó al 7% del PIB y un endeudamiento público del 64, 7% del PIB, esto es simple y llanamente un panorama ciertamente catastrófico e inmanejable.
Entrega a quien le reciba el mandato, una verdadera ruina económica; ojalá recaiga en manos de uno de los candidatos de centro derecha, bien Paloma o Abelardo. Jamás se había endeudado tanto la nación en toda nuestra historia; pasó del 2021 al 2026 a un pasivo de 1.192 billones, o sea 400 billones más.
Se han destinado con vistas a sus componendas electorales 170 billones. Petro ha dispuesto como ninguna otra administración de mucho billete y su idea no es otra que seguir en ese plan para efectos de retener el poder en cabeza de su candidato Cepeda.
Con Petro los intereses de la deuda pública han aumentado el 60% en la deuda local y el 35% en la deuda internacional; sin embargo, el señor Ávila, ministro de Hacienda, con especial desvergüenza e insolencia aspira a pasar otra reforma tributaria.
Se quedará con las ganas puesto que no hay ambiente entre los congresistas para aprobar esta propuesta. A propósito del citado ministro, por instrucciones de su jefe directo, el señor Petro, quiere acabar con la autonomía del banco emisor.
En la nueva y vigente constitución de 1991 que Petro quiere modificar, se reemplazó la junta monetaria por el Banco de la República; en la elección de sus miembros se ha procurado escoger personas técnicas, incluyendo su gerente.
Gracias a la verticalidad e independencia de quienes conforman la junta no hemos tenido inflaciones galopantes; no obstante, Petro está encaprichado en tener un banco emisor a su antojo.