Ecuador asiste a una crucial elección presidencial con dos opuestos que giran en círculo

Fotografía de cierre de campaña en Guayaquil, Ecuador. La correísta Luisa González y el joven empresario Daniel Noboa, los dos contendientes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales extraordinarias de Ecuador, cerraron el jueves con promesas de cambio una campaña electoral enfocada en las redes sociales y marcada por la peor crisis de violencia e inseguridad que atraviesa el país. (Foto EFE)

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La correísta Luisa González y el empresario Daniel Noboa se disputan este domingo la Presidencia de Ecuador, en una elección excepcional para un periodo recortado de apenas quince meses en el poder, pero que será trascendental de cara al futuro del país, que debe superar la crisis de gobernabilidad que le llevó a esta situación.

Los ecuatorianos irán hoy domingo a las urnas para elegir a su nuevo gobernante en una crucial segunda vuelta que enfrenta a la correísta Luisa González, que puede ser la primera mujer en ganar unas elecciones presidenciales, y al empresario Daniel Noboa, que con 35 años puede convertirse en el presidente más joven de Ecuador, dos perfiles opuestos en casi todo pero que giran en un mismo círculo.

Y es que la elección de hoy parece ser una réplica de los comicios presidenciales de hace diecisiete años, 2007, cuando el magnate del sector bananero Álvaro Noboa, padre del ahora postulante, perdía en una segunda vuelta electoral ante Rafael Correa, mentor de la actual candidata.

El hecho de que ahora se enfrenten González, alfil de Correa, y el heredero del emporio Noboa, parece dibujar un círculo de problemas que no se han resuelto desde entonces.

Una ley seca de tres días comenzó a regir desde el pasado viernes en Ecuador con motivo de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales extraordinarias, que se celebra hoy domingo, entre la correísta Luisa González y el joven empresario Daniel Noboa. La multa por el incumplimiento de esta medida es de 225 dólares, correspondiente a la mitad de un salario mínimo, fijado para este 2023 en 450 dólares.

La contienda, además, parece repetir la pugna entre el correísmo y el anticorreísmo, es decir entre la tendencia que abarca a las distintas facciones del movimiento Revolución Ciudadana, de Correa y a otros grupos afines progresistas, y Acción Democrática Nacional, ADN, un grupo formado por Daniel Noboa y su familia, de carácter moderado y de signo neoliberal.

La cifra: 13,4 Millones de ecuatorianos votan hoy

Sin embargo, ahora ya no se trata del mismo correísmo ni del "noboismo" de 2006, pues ambos grupos han sufrido transformaciones y representan distintos intereses. Por ejemplo, el correísmo ya no goza del apoyo del poderoso movimiento indígena, que ha dejado en libertad a sus bases para votar por cualquier variable del voto, por González, blanco, nulo o abstención, menos por Noboa.

ADN, por su parte, ha debido hacer guiños a grupos del centro a la derecha para coaligar una fuerza de votos que permita encarar a la fuerte organización del correísmo, que incluso le permitió erigirse como la primera fuerza política en la próxima legislatura.

Una "anticampaña"

Es esa contradicción la que ha marcado la presente campaña electoral que, se ha mostrado más bien como una "anticampaña", sobre todo en redes sociales, debido a que ha prevalecido el ataque al otro en lugar de la presentación de propuestas de gestión.



La campaña ha buscado que los votantes se adhieran a una de ambas opciones, pero más por rechazo al otro, sobre todo en las redes sociales, donde prima una estrategia basada en los algoritmos más que en la reflexión; por ello, la etapa proselitista ha aparecido repetitiva y aburrida.

Hoy los ecuatorianos deberán decidir entre una opción, la de González, que representa una tendencia progresista que ha mutado en estos últimos años a una posición algo más alejada de la izquierda, frente a una visión, la de Noboa, neoliberal y similar a la del actual mandatario, el conservador Guillermo Lasso.

Quince meses de mandato

Quien resulte vencedor solo gobernará quince meses, pues completará el periodo 2021-2025 que le correspondía a Lasso, pero que se vio interrumpido por la decisión del propio mandatario que en mayo pasado invocó la herramienta constitucional de la "muerte cruzada".

Ese mecanismo constitucional inédito en el país le permitió a Lasso disolver la opositora Asamblea Nacional, Parlamento, a la que acusaba de entorpecer su gestión, a cambio de acortar su mandato y forzar este proceso electoral extraordinario donde optó por no presentarse a la reelección.

Con esa decisión, Lasso evitó que continuará un juicio político por presunto peculado, malversación, que la mayoría legislativa de oposición, liderada por el correísmo, le había iniciado con el ánimo de destituirlo.

Por eso, el balotaje de hoy domingo supone la antesala de las elecciones generales de inicios de 2025, cuando se retomará el ciclo normal de comicios para presidentes con periodos de cuatro años.

En ese panorama, cualquiera de los dos candidatos finalistas que logre vencer en la elección de hoy debería analizar los pactos políticos para alcanzar un ambiente de gobernabilidad, aunque más fácil lo tendría González que iría con el bloque de mayoría en la Asamblea Nacional.


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