Hace meses que la idea de un adelanto de las elecciones presidenciales en Venezuela se ha venido deslizando desde el chavismo.
Nicolás Maduro ha vuelto a ponerla sobre el tapete. “No sabemos si las elecciones presidenciales serán este año o el próximo. Guárdenme ese secreto”, dijo durante la conmemoración del 13 de abril de 2002, el día en que Hugo Chávez regresó al poder después del breve golpe de Estado perpetrado en su contra.
Esta declaración tensa el pulso que hay entre el Gobierno y la oposición para conciliar garantías democráticas para estos comicios presidenciales que serían la última oportunidad de encontrar una salida a la grave crisis política e institucional que vive el país sudamericano, cercado por la comunidad internacional por su deriva autoritaria.
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A la vuelta de cinco años, la maniobra de 2018 se encuentra con un contexto diferente, en el que los que impusieron las sanciones económicas más duras han hecho gestos para flexibilizarlas en un escenario energético en el petróleo venezolano se ha vuelto relevante tras el veto impuesto a Rusia por la guerra en Ucrania.