La estrategia de la Chiva rumbera

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

No bien había comenzado el año, y ya el presidente Santos estaba en Nariño en pleno Carnaval de Blancos y Negros. Saltó a la Fiesta del Caimán en Ciénaga, bailó en el Carnaval de Barranquilla y en Santa Marta, manejó jeep Willis en el eje cafetero, trató de pescar…votos en San Andrés, y en fin parece que se va recorrer el país entero en plan de rumba.

No se extrañen de que le toque la caja al Mello Cotes en el Festival Vallenato, que actúe en la Semana Mayor en Popayán, mientras no le asignen el papel del traidor, o que se lance a la rueda del cumbión donde sea que le coja la noche. En fin, está recurriendo a la lúdica para animar al alicaído popolo.

Pero, ¿a qué se debe que Santos ande zarandeando el esqueleto por todo el territorio nacional y haya convertido el avión presidencial en Chiva Rumbera? La encuesta de Datexconos da pistas: Un poco más del 60% de los encuestados no votaría por Santos si decidiera reelegirse. Peor, parece que a la gente le gusta el olor a Naranjo.

La repentina alegría de nuestro presidente no deja dudas de que a pesar de que es inconveniente que se reelija, Santos va. La iniciativa Chiva Rumbera que intenta revertir la caída de imagen tiene dos objetivos, que en realidad son uno: comunicar los supuestos resultados de sus primeros cuatro años, y hacerse reelegir. Si algo ha tenido Santos, es un amplio soporte de la gran prensa, de los partidos políticos y en fin de un enorme sector de la sociedad, entonces la mala imagen de su gobierno no puede ser un problema de comunicación, como se quiere presentar. El problema es que lo que se comunica tiene pocos hechos que lo respalden. Los hechos no necesitan de tanta estrategia de comunicación porque estos están a la vista de todos y hablan, gritan para ser más exactos, por si mismos. Cuando no hay hechos para mostrar, la estrategia de comunicación se convierte en publicidad engañosa.

Santos debería deshacerse del incondicional comité de aplausos que lo rodea, y rodearse de asesores capaces de decirle lo que debe y no lo que quiere escuchar.Tiene un gabinete aburrido y desconectado de la gente, y debería comenzar por renovarlo. Necesita rodearse de ejecutores y no de teóricos.

Si el presidente tuviera en su haber más hechos y obras y menos palabras, su reelección ya estaría más que garantizada. Ahora bien, la opinión publica en Colombia es más cambiante que una veleta asaltada por un huracán, y es posible que en noviembre la cosa sea distinta. Por lo menos a esto es a lo que le está apostando Santos. Por otro lado, es claro que los resultados económicos difícilmente podrían salvarle el cuello, ¿entonces qué?.

Esa apuesta tiene nombre propio y se está cocinando en La Habana, y Santos cuenta con ella para hacerse reelegir, lo cual es equivocado y desafortunado. El cese del conflicto armado por vía negociada debería estar esterilizado de los vaivenes políticos, y es por esto que he afirmado antes, y ahora, que para darle toda la credibilidad al proceso de paz, el presidente no debería buscar la reelección sin importar que pueda suceder en Cuba.

En concreto, si Santos patea la mesa en La Habana, gana, y si firmara el cese del conflicto en términos aceptables para los colombianos, también. Sin embargo, levantarse de la mesa y levantar a más plomo a la guerrilla, le garantizaría la reelección, mientras que el otro camino es un interrogante que probablemente Santos no tendrá resuelto el próximo 25 de noviembre.

Adicionalmente, la eventual firma de la paz, abriría a Santos un flanco vulnerable que con toda seguridad sería explotado por los enemigos políticos. Un proceso político turbulento y sucio en plena campaña reeleccionista, podría hacer que la firma de la paz que se consiga en La Habana, se quede en el papel, y se frustre lo que es a todas luces una oportunidad histórica.

Santos tiene la difícil disyuntiva personal de hacer lo que es mejor para él o lo que es mejor para el país. Se necesita mucho discernimiento y patriotismo para dejar de lado las ambiciones personalistas en aras de intentar alcanzar propósitos más altos. Ya veremos que decide.

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