Ciénaga: la marcha de la no-violencia

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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

e-mail: carlospayaresgonzalez@hotmail.com



Cuanto más violenta es una sociedad, menos posibilidades de desarrollo y de progreso social encuentra.

La razón parece ser sencilla dado que la violencia ha desempeñado un papel ambivalente en la historia de la humanidad: ha actuado en veces como partera, pero también en la mayoría de las veces como la sepulturera.

Entiendo en este caso como violencia a todas aquellas actuaciones de individuos o de grupos que ocasionan la muerte de otros o lesionan su integridad física o moral. De tal manera que no sólo es violencia aquello que necesariamente ocasiona muertos o heridos. En un sentido amplio, la violencia se puede ver como algo que impide la realización a plenitud de los Derechos Humanos, comenzando por el más fundamental: el derecho a la vida.

Recientemente en un editorial de un importante periódico regional se manifestaba que Ciénaga (en cuanto a la ola de violencia y terror que sacude a algunas ciudades colombianas) se encuentra en manos del "crimen y el miedo" ejercidos por bandas de "delincuentes que tienen sometida a la gente de bien".

Agregaba el editorial que "el caso de Ciénaga es dramático y lamentable. Hasta el punto de que en esa ciudad por lo menos el 90% del comercio paga vacuna, incluso, conocemos que muchos concejales pagan a los criminales para que les respeten sus vidas.

Los vendedores de tinto, de comidas, de abarrotes, comerciantes rasos y establecimientos de comercio en general, deben rendirles cuentas a tres bandas de delincuentes que se han distribuido geográficamente a Ciénaga para delinquir. ¡No hay derecho! Y todo lo anterior lo sabe la Policía, los organismos de seguridad del Estado, el propio Alcalde y ha llegado también a oídos del señor Gobernador del Magdalena. En pocas palabras, Ciénaga se desmadró…"

Debido a la extravagante situación (invisibilizada en veces por algunos funcionarios públicos y algunos miembros de la sociedad civil) se convocó en el día de ayer a una marcha por la paz en Ciénaga. La idea inicial fue de un grupo de ciudadanos (Grupo Arco Iris.

Ciudadanos por la paz) y luego tomada literalmente por el Gobierno Municipal, quien asumió su abanderamiento. Sin embargo, el problema no es meramente "marchar por la paz" (un concepto ambiguo, a pesar de la complejidad, lo que lo hace a todas luces bastante utópico), sino construir una cultura ciudadana de la no-violencia.

Todos recordamos cuando se puso a todo el país a dibujar palomas blancas por todas partes para manifestar su adhesión a la paz, y desde entonces las manifestaciones de violencia en Colombia se fueron incrementando de manera geométrica. Es que todo no puede ser adobado con azúcar, o con meros eslóganes para "cumplir" ante quienes sufren y mueren.

Por eso es preferible que este tipo de manifestaciones esté en manos de la sociedad civil, en vez de quienes, por definición, de muchas maneras ejercen la violencia. No es sólo la criminalidad por medio de la paga la única forma de violencia que agobia, sino también lo son aquellas manifestaciones de palabra y de hecho que niegan la democracia participativa de los ciudadanos y la prosperidad de los pueblos.

Los bajos indicadores de bienestar social, económico y cultural de nuestras comunidades, la existencia del inveterado patrimonialismo y el clientelismo ante los bienes públicos, la existencia de la rampante corrupción político-administrativa oficial y privada, la exclusión y marginalidad de amplios segmentos de la población, la desatención a las necesidades básicas y los problemas que más afectan a nuestras comunidades, el ocultamiento mismo de la realidad de la violencia (al negarse la importancia de la memoria social) y la existencia de un implícito miedo dentro de la sociedad para expresarse sobre los hechos que atentan contra la "cohesión social", son también manifestaciones de violencia contra todo un pueblo. ¡Qué decir de la prepotencia, la soberbia y la altanería de quienes con frecuencia nos representan en los cargos del Estado!

Es fácil encontrar que todo el mundo reconoce estar del lado de la paz. Sin embargo, algunos asumen el discurso pacifista para tamizar o exorcizar sus responsabilidades. Si ayer se marchó en Ciénaga por la paz es porque el proyecto de sociedad cienaguera que vivimos ha sido desbordado por la violencia. Anomia social.

Lo que quiere decir en un lenguaje escueto que ha sido inoperante el Estado y ausente en la debida relación armónica de éste con la sociedad. Marchar por la paz bajo la batuta de quienes están obligados a construir una sociedad en paz es un mea culpa del fracaso. Salirse de madre la sociedad.

Sin embargo, cada cual se vuelve tuerto ante las diferentes formas de la violencia. Algunos rechazan la ajena para privilegiar u ocultar la propia. Y muchas veces este tipo de tuertos se aprovechan de las manifestaciones por de paz para evadir obligaciones y responsabilidades históricas.

¡Qué más podemos esperar de una sociedad como la cienaguera donde el 70% de su gente se encuentra bajo la línea de pobreza! Ciénaga es hoy por hoy una sociedad colapsada o decadente, a pesar de la verborrea entusiasta de quienes en diferentes turnos han oficiado u ofician en los altos cargos públicos. En un mundo de violencia y de terror debemos admirar al hombre y a la mujer que se rebela contra todas las formas de violencia y todas las formas de terror… Para lograr la paz es necesario lograr una sociedad que respete la dignidad de su gente. Lo demás es una mascarada.



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