El fin del Mono

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com



Cayó en su ley quien empezó como mandadero de Tirofijo y consentido de Jacobo Arenas para después organizar uno de los frentes más sanguinario de las Farc en los departamentos de Cundinamarca, Meta, Huila, Caquetá y Guaviare.

Quien lideró las tomas de Mitú, Las Delicias, El Billar, Miraflores y el atentado terrorista del Club el Nogal y quien fue uno de los principales ejecutores de secuestros de militares y políticos para usarlos como botines de una negociación.

Quien ordenó enjaularlos con alambres de púas, en una versión criolla de los campos de concentración nazis de la Segunda Guerra Mundial, y quien dio la orden de trasladar la guerra de guerrillas a las ciudades. Uno de los artífices del negocio del narcotráfico para el bienestar económico de esa guerrilla cayó en su ley.

Alan Jara, uno de los secuestrados que lo tuvo frente a frente en más de una ocasión, recordaba cómo este señor grandote e imponente les decía que la suya sería "cadena perpetua" en las selvas colombianas. "Disponía de las vidas como si se tratara de una silla," decía Jara. Recordaba cómo le decía a sus subalternos que debían cuidar a los secuestrados y, si no podían hacerlo, que debían matarlos. "Era una mirada que le helaba a uno la sangre," recordaba el ex gobernador.

Y tal cual, lo sentenciaron las Fuerzas Armadas colombianas. Cientos de helicópteros y aviones sobrevolaron el campamento escondido e iniciaron una ráfaga que lo hizo salir de su cambuche para encontrarse con otros cientos de militares prestos a acabar con su cometido.

Es posible que con esto, el gobierno de Santos haya hecho más que lo que hicieron los 8 años del gobierno de Uribe en términos militares, como afirmó Gustavo Petro. Pero tampoco con esta caída, estamos ante el fin del fin como ya afirman muchos otros.

 La verdad, es que este fue un golpe certero a la estructura de esta agrupación y un revés psicológico sin precedentes para quienes no hace mucho, todavía soñaban con tomarse el poder por medio de las armas.

La soledad de Cano; la incertidumbre sobre quién va a poder reemplazar al maestro de la estrategia criminal de esta guerrilla; y el saber que dentro de su propio grupo se encuentran las llaves para su disolución, terminarán de fragmentar a un grupo que antes se veía sólido y temerario por los diferentes departamentos del país. Ya sus hombres más fuertes no podrán confiar ni en sus sombras y quienes continúan en territorio colombiano, tendrán que permanecer en él esperando una suerte similar a la de Jojoy.

Afirma Miguel Ángel Bastenier que "(…) la muerte del líder subversivo permite afirmar que el santismo combate con mayor o igual eficacia a la guerrilla que el uribismo". En esto tiene razón. Una de las razones por las cuales una gran proporción de colombianos votaron por él fue precisamente por eso. Y hay que reconocer que con este golpe, ha cumplido.

No obstante, no hay que caer en triunfalismos ni pensar que con esto, el grupo dará el brazo a torcer e iniciará conversaciones con el Gobierno en condiciones totalmente desfavorables. No hay que desconocer esto último.

No obstante, hay que celebrar el hecho de que los enormes esfuerzos militares están rindiendo frutos y que las Farc se siguen viendo arrinconadas. Su poder militar y político se diezma con el pasar de los días y esto acaba con su moral interna. El hombre que sembraba terror en los colombianos, y entre sus propios hombres, pasó a ser un mortal como cualquier otro.

Se dice que su sobrenombre se debe a su facilidad para escapar de sus perseguidores. Los mojojoy, al parecer, son una especie de gusano escurridizo de la selva. Pues al escurridizo Jojoy esta vez la vida le jugó una mala pasada y en Colombia corre un nuevo aire…



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