No hacen falta seis sino uno: sentido común

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

No todo el que está caminando sabe para dónde va. Algunos, simplemente caminan sin rumbo a ver qué pasa. Otros, saben adónde quieren llegar pero no saben cómo, y los más preparados saben adónde quieren ir y tienen un plan de ruta.

Por estos días se oye que Los Ciruelos están biches, que Six Senses, Parque Tayrona, Bahía Concha, que el Centro Histórico no quedó como debió, que la Marina Internacional se tiró la Bahía, que Taganga está llena de mafiosos israelíes, que el turismo de olla nos tiene en la olla, que la parahoteleria también, que colapsó la ciudad por el turismo, se fue la luz, se fue el agua, las alcantarillas se desbordan, los vendedores ambulantes se apoderaron de las calles; un panorama complejo que da para una letanía de varias páginas.

Pregunto, ¿qué tipo de caminante es Santa Marta? ¿Alguien sabe para dónde vamos? El cuento de Los Ciruelos, que ha dado hasta para rifirrafe entre Santos y Uribe, o el de los Six Senses, que para algunos no tiene sense, debería ser lo de menos para los samarios. En el gran esquema de nuestras posibilidades como sociedad y como ciudad, los proyectos individuales por ambiciosos que sean, son detalles sin importancia si no son parte de una estrategia global.

Yo en lo personal, apoyo proyectos en nuestros parques naturales, siempre y cuando estén en armonía con el medio ambiente. Dudo de la honestidad de los argumentos del gobierno en lo que se refiere a sus preocupaciones ambientales porque si fuera cierto que el tema los desvela tanto, hace rato nos habrían quitado los puertos de embarque de carbón de Santa Marta.

Santa Marta y sus alrededores están pintados de polvo negro. A los edificios habría que lavarlos cada seis meses para que no se ennegrezcan. La mancha negra se ve en el agua de mar, al lado de la carretera, y seguramente se aloja en los pulmones de los samarios, y no me como el cuento de que es inofensivo. ¡Mamola!

Esto por el lado del ambiente, para irnos ambientando. El otro tema es preguntarle al gobierno cuál es el norte al que puede aspirar Santa Marta en lo concerniente al desarrollo, si nuestra mayor bendición, nuestros parques y playas, limitan nuestras posibilidades.

No me gusta la etiqueta nacional que se le pone al Tayrona porque nos gobierna gente que ni nos entiende ni les importamos. Me suena lo que andan pidiendo por ahí, y que yo denomino la Doctrina Samaria, y que consiste en que Santa Marta es para los samarios, queriendo decir con esto, que es a nosotros a quienes nos corresponde decidir nuestro destino, y a nadie más. Esto es costa nostra.

Tan poco le importamos al gobierno, que los proyectos que ha propuesto para la ciudad nuestro mayor y mejor aliado, el Ministro Díaz Granados, no son parte de una estrategia bien diseñada para llevarnos a algún lado sino más bien improvisaciones que a la postre resultarán costosas.

Yo le recomendaría al ministro que antes de hacer las inversiones que plantea, nos regale la infraestructura idónea para que la ciudad no colapse con el turismo, y además nos ayude a diseñar un plan de desarrollo para Santa Marta.

Los samarios tenemos derecho a aspirar a ser una de las joyas del turismo en el mundo, y legítimamente podemos aspirar a recibir dólares y euros por montones. No tenemos por qué conformarnos con ser la perla del turismo nacional como lapidariamente nos catalogó el ministro Díaz Granados. ¡No faltaba más!

Las ollas que hoy nos visitan, nos seguirán visitando, y no necesitamos más obras para atraer más ollas. Necesitamos obras que hagan a Santa Marta competitiva a nivel mundial como destino turístico, y para esto hay que pensar en grande.

Ministro, ya que la vida le ha brindado la oportunidad de hacer algo por Santa Marta, lidere desde su dignidad ministerial, una iniciativa que de verdad logre que nuestro potencial se realice y que nuestras bendiciones sean eso, y no maldiciones y excusas para intromisiones indeseadas.

La gran diferencia entre una ciudad como Cartagena y Santa Marta es que Cartagena tuvo la suerte de que un presidente que se la jugara por ella, por los mismos tiempos que un presidente mejicano se la jugaba por Cancún…nosotros no hemos corrido con tanta suerte.

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