¡La dictadura del plebiscito!

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Escrito por:

Juan Echeverry Nicolella

Juan Echeverry Nicolella

Columna: Purgatorio

e-mail: juanecheverry@hotmail.com

Twitter: @JPEcheverry



Escribí el sábado pasado sobre un posible triunfo de Henrique Capriles en las elecciones presidenciales de Venezuela. Y los argumentos que sustentaban mi tesis no eran infundados. El promedio de las encuestas más importantes señalaban una tendencia de crecimiento favorable para el candidato de la oposición. Algunas incluso con porcentajes por encima de los del Presidente-candidato.

La historia contradijo lo anterior gracias a las dinámicas antidemocráticas con que funciona el régimen venezolano. En un país en el que se respeten las libertades civiles y las instituciones, Capriles sería hoy Presidente. Pero el gobierno de Hugo Chávez, aunque sustentado en las urnas, ha dirigido a Venezuela durante 14 años pasando por alto las reglas básicas del comportamiento democrático.

Los tiempos en que las campañas podían pautar en televisión estaban regulados por la ley electoral, pero solamente cumplieron con tales restricciones los de la oposición. Mientras tanto los canales públicos y privados tenían que transmitir mensajes publicitarios institucionales sobre los logros de la revolución bolivariana. Los militares eran obligados a ponerse camisetas rojas y llenar plazas públicas en concentraciones a favor del máximo líder. A los empleados públicos se les "invitó" formalmente a apoyar la elección del comandante y además se les pagó el bono de fin de año justamente el viernes anterior a las votaciones.

Para que los gobiernos no se degeneren en autoritarismos despóticos, los politólogos se inventaron una formula sencilla desde el siglo XVIII: la separación de poderes. Se trata de dividir el poder en tres para que una parte del mismo refrene a la otra y evitar excesos. Así nacieron el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Son el símbolo de nuestras repúblicas democráticas y por supuesto, deben ser independientes. Pero como cosa rara, la voracidad del dictador caribeño impide que tal cosa se cumpla. Todos están controlados por él. También está en sus manos el Consejo Nacional Electoral (CNE), cabeza del poder electoral y encargado precisamente de que la transición se haga de forma democrática de un gobierno al siguiente.

Para que los líderes sean considerados democráticos no debemos tener en cuenta solo su elección. También es importante analizar el comportamiento que lo demuestre: su talante. Si Chávez creyera realmente en la democracia, no hubiera participado en un golpe militar para obtener el poder. Inclusive, si Chávez de verdad respetara la decisión de las mayorías, hubiera aceptado el resultado del referendo de 2007 en que el pueblo le dijo claramente no a la reelección presidencial. La realidad le muestra a los analistas políticos una situación sobre la que no han profundizado: las dictaduras plebiscitarias o consolidadas en las urnas.

Por eso la cara de Capriles el domingo pasado al reconocer los resultados no era la del derrotado y tampoco la del triunfador. Era la de un demócrata que debía aceptar lo sucedido así toda la contienda hubiera estado en desventaja. Era la de la responsabilidad de tener que perder por haber aceptado unas reglas de juego injustas.

El Partido Nazi en Alemania también ganaba elecciones, Hitler también llenaba tremendas manifestaciones de gente. Pero la historia no los reconoce precisamente como demócratas.

Como no hay cuña que más apriete que la del mismo palo, si pudiera le dedicara a Chávez una frase que el mismísimo Bolívar pronunció en el Congreso de Angostura: "Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él a mandarlo, de donde se originan la usurpación y la tiranía".

Ñapa: el triunfo del comandante le garantiza a las Farc que el territorio de Venezuela les sigua sirviendo como escondite mientras asesinan colombianos y dialogan con el gobierno.



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