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Del dicho al hecho

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



Todo parece indicar que los autores del atentado contra el ex-Ministro Fernando Londoño fueron las Farc, según lo expresado por el Presidente Santos a los medios. Esto, más la desinflada de la carta apócrifa de las Farc, han llevado a que el Presidente haya dado la orden perentoria a la fuerza pública de echarles plomo sin cuartel.

No hay que descartar tampoco, que la orden perentoria sea una respuesta a las críticas de su antecesor, así como a las de muchos otros colombianos que perciben que el país está retrocediendo en materia de seguridad pública. Percepción fundamentada no solo en lo que hace la guerrilla sino también por lo que hacen las Bacrim, y la delincuencia común. Pero volviendo al tema de las Farc, la orden perentoria del Presidente, recoge el clamor de la mayoría, y pide plomo y más plomo.

Vamos por partes. Primero, no debe extrañarnos que la guerrilla atente contra un ilustre hijo de la ultra derecha. Si nuestra fuerza pública da de baja a sus cabecillas y a miembros rasos de sus fuerzas, por qué nos extraña que las Farc hagan lo mismo con sus enemigos. Por esto estamos en guerra o conflicto interno o como le quieran llamar. El negocio de la guerra es la muerte.

Segundo, analicemos como va el asunto en el tema de seguridad en general. La organización Arco Iris, reciéntemente le salió al paso a las afirmaciones de Uribe, y dejó claro que el deterioro de la seguridad comenzó realmente bajo el gobierno Uribe, y esto coincide con lo que yo recuerdo. Es simple, la guerrilla se adaptó a los nuevos métodos de guerra, y el paramilitarismo se reactivó.

Tercero, la inversión de Colombia en gasto militar expresada como porcentaje del PIB, no se compadece con la situación de seguridad pública que vive el país. Según informe de la Unasur, el gasto militar de Colombia en el 2010 fue de 1,89% del PIB.

Colombia debería tener un gasto militar cercano al 14% del PIB. La consecuencia de no invertir lo suficiente en materia militar, es que nuestras fuerzas militares no pueden finalizar la faena ni con las Farc ni con las Bacrim.

Al igual que Uribe, Santos tampoco podrá acabar con los problemas de seguridad pública, a menos que ponga la billetera donde puso la boca, porque si seguimos como vamos, a nuestra Fuerza Pública siempre le van a quedar faltando los diez centavos para el peso y los problemas de seguridad se prolongarán por muchos años más.

El tema es, que cada vez que un Presidente siente que la situación de orden público es vivible, se vuelca prematuramente a invertirle más a lo social, y como se pierde el foco, ni se soluciona el tema de seguridad definitivamente ni se soluciona el tema social.

Aún no es tarde para realmente lograr alcanzar el punto de quiebre y cambiar la dinámica en el frente del orden público, para primero, terminar de una vez por todas con el problema, y ahí si poder enfocarnos totalmente en el tema social.

Subsiste la pregunta de si los colombianos estaremos dispuestos a apoyar gastos militares que lleguen a una cifra cercana a la sugerida como idónea.

Parece ser que el país clama por el cese de la violencia, pero al mismo tiempo, se resiste a asumir el costo que tiene lograrlo. Una apendicitis no se cura con aspirinas, así que tenemos que gastarnos la plata de la apendectomía. No deja de ser admirable lo hecho por nuestra Fuerzas Pública dado el exiguo presupuesto con el que operan. Sin embargo, en la medida en que los criminales se sigan adaptando, y no haya más presupuesto para enfrentarlos de manera contundente, la Fuerza Pública se irá convirtiendo en un tigre de papel.

Creo que la mayoría de los colombianos, si se les explica por qué hay que invertir mucho más en lo militar, apoyarían la iniciativa con todo gusto. No hay nada que anhelemos más los colombianos, que un país sin violencia, tranquilo, en donde podamos caminar por las calles y recorrer los campos sin temor a que nos suceda algo. La tranquilidad cuesta mucho, pero la intranquilidad cuesta aún muchísimo más.