El agua: la gran transformación pendiente del agro colombiano

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El nuevo gobierno recibe un sector agropecuario con cifras históricas de crecimiento y exportaciones, soportado en la resiliencia de los empresarios del campo colombiano, pero también con desafíos estructurales que no admiten más aplazamientos. los próximos cuatro años ofrecen una oportunidad única para convertir el agua, la productividad y la agroindustria en los pilares de una política de estado que impulse a Colombia como una verdadera potencia agroalimentaria.

las naciones que transformaron su agricultura no lo hicieron repartiendo tierra; lo lograron llevando agua, infraestructura, tecnología y mercados a sus productores. Colombia tiene hoy la oportunidad de recorrer ese mismo camino.

en 2025, el agro fue una de las actividades con mayor crecimiento de la economía. las exportaciones agropecuarias y agroindustriales alcanzaron un récord histórico de us$15.317 millones, equivalentes al 30,5 % de las exportaciones nacionales, mientras cerca de 4,8 millones de colombianos encontraron en el campo su principal fuente de empleo. estas cifras confirman que el agro es mucho más que un sector productivo: es un pilar de la estabilidad económica, la cohesión social y la seguridad alimentaria.

sin embargo, también evidencian una paradoja. Colombia es una de las naciones con mayor disponibilidad de agua dulce del planeta, pero gran parte de su producción continúa dependiendo del invierno y del verano. a ello se suman la inseguridad rural, el rezago en infraestructura, la baja tecnificación, el limitado acceso al crédito, la escasa asistencia técnica y la insuficiente cobertura de riego.

por ello, la verdadera transformación del agro colombiano debe tener un eje claro: el agua como factor de productividad.

la reforma agraria del siglo xxi no debería medirse por las hectáreas adjudicadas, sino por las hectáreas con agua, infraestructura, tecnología y acceso a los mercados. la tierra, por sí sola, no genera desarrollo; la tierra con agua genera productividad, empleo, agroindustria, exportaciones y bienestar.

colombia necesita una política nacional del agua para la productividad que priorice la construcción, recuperación y modernización de distritos de riego, la culminación de obras inconclusas, la promoción de reservorios para pequeños y medianos productores y el uso eficiente del recurso hídrico. invertir en agua no es un gasto: es la inversión pública con mayor capacidad para multiplicar la productividad del campo.

en esa tarea, la agencia de desarrollo rural está llamada a convertirse en el gran ejecutor de la transformación productiva. si el ministerio de agricultura diseña la política pública, la adr deberá traducirla en resultados mediante adecuación de tierras, expansión del riego, fortalecimiento de la asociatividad, infraestructura productiva y acompañamiento técnico y comercial.

la represa de el cercado, sobre el río ranchería, en la guajira, simboliza ese desafío. el país realizó una inversión de enorme magnitud para construir esta infraestructura, pero mientras no se culminen las redes secundarias e intraprediales que lleven el agua hasta las unidades productivas, gran parte de su potencial seguirá desaprovechado. finalizar este proyecto permitiría irrigar miles de hectáreas, consolidar uno de los mayores polos agroindustriales del caribe y aprovechar la ubicación estratégica de la guajira para abastecer mercados nacionales e internacionales.

esta visión coincide con el proyecto diamante caribe, concebido por el doctor Rubén Darío Lizarralde, que propuso integrar infraestructura, logística, agroindustria y comercio exterior para convertir al caribe colombiano en una plataforma exportadora de talla mundial. hoy esa propuesta conserva plena vigencia.

al finalizar este cuatrienio, el éxito de la política agropecuaria no debería medirse por el número de hectáreas entregadas ni por los recursos ejecutados, sino por el aumento de la productividad, el crecimiento de las exportaciones, la generación de empleo rural formal y la reducción de la pobreza en el campo.

Colombia posee tierra fértil, biodiversidad, talento humano, ubicación estratégica y abundancia de agua. lo que históricamente ha faltado es una visión capaz de integrar esas fortalezas bajo una política pública de largo plazo.

el verdadero desafío no consiste en repartir más tierra. consiste en lograr que cada hectárea produzca más riqueza, más empleo, más agroindustria y más exportaciones. porque donde llega el agua, llega la productividad; donde llega la productividad, florecen el

Columna de Opinión e-mail: clearyclear@gmail.com Twitter: @lacoutu

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