“En una calle de Tamalameque dicen que sale una llorona loca, que sale por aquí, que sale por allá, con un tabaco prendido en la boca…) (Canción “La Llorona Loca”, del compositor José Benito Barros Palomino)
El 31 de mayo de 2026 el pueblo colombiano, sintiéndose poseído por un arrebato de dignidad consideró que ya era hora de decir, basta ya, y revolcándose en sus sentimientos decidió volcarse en masa a las urnas para cumplir con su sagrado derecho y deber de participar en la elección del próximo presidente de la República, propinándole una paloterapia a la marioneta de la casa de Nariño, quien ya se creía ungido por el emperadorcito, yéndose de bruces contra la realidad, teniendo en cuenta que sin él, su candidatura no existiría y su intromisión en la campaña y las consecuencias políticas de algunas de sus acciones –y declaraciones- están asfixiando la aspiración del candidato del Pacto Histórico.
Los días previos a la elección y acudiendo a su cantinflesca realidad, el primer mandatario trinó poniendo en duda el preconteo de la Registraduría, esgrimiendo argumentos pueriles y absurdos que desconcertaron a los colombianos y espantó a los votantes de Cepeda, quienes se sentían ganadores en primera vuelta y sufrieron la más estruendosa paliza que recuerden.
Seguidamente, y después de inundar con lágrimas y una vergonzosa lloratón el salón rojo del hotel Tequendama, de manera irresponsable imitó a su ventrílocuo, desconociendo los resultados de ese preconteo, aunque horas más tarde en un ataque de dignidad reculó, recogió sus palabras y reconoció que no había razones sólidas para dudar de los resultados que lo relegaron a un segundo lugar.
Los ciudadanos moderados del centro, estigmatizados por los eunucos seguidores de la izquierda y retardataria mamertocracia son una minoría decisiva que pudiera inclinar la balanza el 21 de junio y muchos de ellos consideran un exabrupto político cederle las banderas del gobierno a un badulaque alumno del payaso orense, quien a lo largo de su trayectoria política ha demostrado unas convicciones poco ortodoxas en un mundo moderno y contemporáneo en donde se están dando cambios administrativos, siempre pensando en toda la sociedad y no solamente en la caterva de corruptos amanuenses que aparecen por doquier.
El pueblo quiere y necesita un ejecutivo trabajador que se concentre en las necesidades de todos para sacar a la patria de esta oscuridad en la que se vive, en donde todo el mundo hace lo que viene en gana y no pasa absolutamente nada, alguien que aglutine y no que divida, que respete la independencia de los poderes públicos y que deje de creerse y sentirse Luis XIV.
La clase media trabajadora fue la que lo llevó al solio de Bolívar y el mitómano presidente la llama arribista, desconociendo con su crasa ignorancia que vive inmerso en una burbuja y desde allí cree que la vida y la patria se manejan con su incontinencia verbal y repitiendo mentiras como verdades que ni él mismo se las cree.
El presidente Petro se muestra esquizofrénico y desesperado con el resultado en primera vuelta y le salió el tiro por la culata, hace varias semanas infló al Tigre Abelardo de la Espriella, intentando ridiculizarlo y se le creció el enano, quien ahora se muestra imbatible y lo tiene arrinconado con sus zarpazos sintiéndolo presa fácil de vencer.
Para colmo de males, Petrozky amenazó con renuncia al cargo para ponerse al frente de la campaña de su marioneta y ello no pasó de ser otra bravuconada; la próxima confrontación electoral marcará el renacer de la patria y su reconstrucción de los escombros que ha dejado este fatídico gobierno y de esa manera librarnos de esta pesadilla y que el payaso recoja su bártulos, llene sus alforjas y se marche.