¿Soy yo el único que se siente ofendido?

Columnas de Opinión
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¿Soy yo el único que se siente ofendido de que solo un grupo reducido se autodenomine “indígena”, como si el resto de nosotros no lleváramos en la sangre esa misma raíz que ha parido esta tierra? Porque si algo me enorgullece, si algo celebro cada vez que recorro mi región, es mi sangre zenú y malibú, heredada de los Montes de María, esa misma sangre que regó maíz, tejió sombreros vueltiaos y resistió al invasor con dignidad milenaria, y ahora resulta que unos pocos se organizaron, se registraron, se tomaron la vocería, y nos dejaron por fuera a los demás, ahora qué soy, ¿una nota al pie en mi propia historia?

Ellos se atribuyen el derecho a hablar por “los pueblos indígenas” mientras yo, que llevo en mis venas los cantos y las luchas de mis ancestros, tengo que pedir permiso para sentirme parte, ¿quién los nombró?, ¿quién decidió que ellos sí y yo no?, ¿acaso creyeron que con crear una ONIC bastaba para desdibujar los siglos de identidad que cargamos millones de colombianos?, qué vaina tan brava.

Y no contentos con apropiarse del término, ahora aparecen como bastión político de un gobierno que, francamente, me representa tanto como una chaqueta de cuero en Plato, Magdalena. Apoyan reformas a la salud, cuando en su cotidianidad predican (y con razón) la medicina ancestral, ¿entonces por qué opinan sobre un sistema que no usan?, defienden reformas a las pensiones, pero no cotizan, aplauden reformas laborales, pero no se rigen por el mismo modelo, y todo esto mientras a usted y a mí nos sangran impuestos que ellos no pagan.

¿Entonces quiénes son estos nuevos usurpadores de nuestra sangre indígena?, ¿de dónde salieron estos falsos profetas del origen?, ¿no será que más de uno está recibiendo cheques del gobierno, que en su desesperación por apoyos, ha decidido jugar con el respeto que merecen nuestras raíces comunes?

Yo no tengo miedo de decirlo, me quitaron la etiqueta, pero no el linaje, me excluyeron del registro, pero no de la historia, no necesito su carnet ni su certificado para saber de dónde vengo, soy hijo del maíz morado, del monte y del arroyo, y no hay decreto que me robe eso.

La verdadera ofensa es pensar que ser indígena es un club cerrado con credencial y beneficio estatal, lo indígena es Colombia misma, y nos pertenece a todos.

Columna: Blosgs e-mail: Antonio.bozzi@gmail.com