Imitemos a María en la obediencia
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Reflexión: Así se amplían los límites de la familia de sangre y pasamos a ser miembros de la familia espiritual por la vivencia y el compromiso adquirido en el bautismo: ser y vivir como hijos de dios, sacerdotes, profetas y reyes.