Un insulto a los muertos

Columnas de Opinión
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Uno siempre puede no estar de acuerdo con un político, eso hace parte del juego democrático, pero cuando ese político no solo pierde la brújula sino también el respeto por la historia y el dolor de su país, uno tiene que levantar la voz. Gustavo Petro, al igualar el consumo de alcohol con el consumo de cocaína, no solo dijo una estupidez monumental, sino que le faltó el respeto a toda una nación que lleva décadas desangrándose en la guerra contra el narcotráfico.

No señor Petro, no es lo mismo. No es lo mismo brindar con una copa de vino que sostener un mercado de sangre, corrupción y violencia que ha sembrado muerte en cada rincón de Colombia. No es lo mismo salir de un bar que salir de un laboratorio clandestino, no es lo mismo cargar una resaca que cargar el dolor de enterrar a policías, soldados, líderes sociales, campesinos, niños, víctimas de una cadena de horror que usted, con su discurso ligero, parece querer blanquear.

Colombia no necesita que su presidente sea perfecto, ni siquiera necesita que esté de acuerdo con todos, pero sí necesita que al menos entienda el tamaño del dolor que las drogas han causado. Que reconozca que detrás de cada gramo de cocaína hay selvas arrasadas, comunidades desplazadas, madres llorando en cementerios olvidados. Que no venga a hacer apología, que no relativice lo que hemos combatido con tanta sangre.

Nunca compartí sus ideas, Petro, pero en algún momento creí que, al menos, tenía una lógica, una visión de país, equivocada quizás, pero seria. Hoy veo a un presidente que, si consume cocaína, cree que normalizarla en público es una forma de sinceridad, cuando en realidad no es más que una bofetada a todos los que murieron combatiendo los carteles, a todos los que todavía hoy arriesgan su vida para que otros no tengan que vivir entre la violencia que usted trivializa.

Muchos se burlan llamándolo "El Cacas", pero la verdad es que el apodo se queda corto, sería más justo bautizarlo como "El Cagavictimas", porque lo suyo no es simplemente un tropiezo de forma, es una falta de fondo, una ofensa consciente contra todos los que dejaron su vida soñando con un país mejor.

Defender la cocaína, presidente, es defecarse, sí, pero no en abstracto, sino directamente sobre la memoria de cada víctima. Y eso, créalo o no, no se lo vamos a perdonar.

Columna: Blosgs e-mail: Antonio.bozzi@gmail.com