Unidos o derrotados, el dilema de la derecha colombiana

Columnas de Opinión
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Ayer quedó claro algo fundamental, el oficialismo fue el que demostró fuerza movilizando gente en masa para defender unas políticas que ni siquiera pueden explicar, pero que han sido envueltas en el discurso emotivo y simplista de la lucha del pueblo contra la élite. Y ahí está el verdadero problema, la izquierda no necesita demostrar gestión, solo necesita mantener su relato.

Creer que la gente se va a desencantar de Petro porque su gobierno es ineficiente es un error de cálculo monumental. El termómetro con el que la izquierda mide su éxito es completamente distinto porque para ellos la crisis no es un síntoma de fracaso, sino una etapa de la transformación. En su lógica, la miseria es resistencia, la precariedad es sacrificio, la inestabilidad es parte del "cambio" y vainas asi y tal. Para ellos, así es estar bien.

Mientras la derecha siga confiando en que la realidad se impondrá por sí sola, seguirá viendo lo mismo, derrotas, porque la gente no vota con cifras, vota con narrativas, y la izquierda, nos guste o no, tiene la suya clara y bien vendida.

La derecha en Colombia sigue enredada en sus propias peleas internas, en los egos de líderes que no logran sentarse en la misma mesa sin sacarse los ojos. Y lo peor, sigue confiando en los mismos de siempre, en los que llevaron al país al hastío que empujó a la gente a probar la izquierda como experimento. No se puede seguir con las mismas fichas y esperar un resultado diferente.

Hoy, hay alcaldes en Colombia que están demostrando que se puede gobernar bien sin ser amigos del oficialismo. En Barranquilla y Cartagena, por ejemplo, se están llevando a cabo gestiones eficaces y marcadamente derechistas, centradas en la inversión, el orden y el desarrollo de infraestructura, mientras desde el gobierno central se intenta tapar el sol con un dedo. Pero estos líderes locales siguen aislados, sin una estructura que los respalde para el futuro. La derecha necesita unificar su mensaje y, sobre todo, definir quién la representa.

La indignación no se traduce automáticamente en votos. Si la única oferta que se presenta es el mismo discurso desgastado y las mismas caras de siempre, lo único que se logrará es que más personas se convenzan de que la izquierda es la única alternativa.

Ayer quedó claro que, sin un candidato único, sin un mensaje claro, la derecha no está sumando, sino asegurando que el oficialismo siga intacto. Mientras la izquierda moviliza gente para defender lo indefendible, la derecha sigue esperando que la historia le dé la razón. Así no se gana nada.

Si la derecha quiere recuperar algo de poder, la tarea no es simplemente criticar al gobierno. Es construir una opción real, con nuevos liderazgos, con unidad, con una visión que no sea solo "detener a Petro", sino proponer un país mejor, porque ya tuvimos que aprender que votar por alguien para evitar a alguien siempre será espada de doble filo.

Columna: Blosgs e-mail: Antonio.bozzi@gmail.com