Medusa: Cuando quejarse se vuelve costumbre.

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Siempre he sido un defensor férreo de respetar y mantener los acentos del país. No porque me lo haya inventado yo, sino porque históricamente los artistas y presentadores del Caribe colombiano han tenido que modular su acento para poder figurar en series, novelas o noticieros nacionales. El tono costeño, con su musicalidad y desenfado, ha sido visto muchas veces como poco serio, poco elegante o poco entendible. Pero esta vez… ¡por Dios!

Ahora tenemos una serie que se desarrolla en Barranquilla, que le rinde homenaje a sus calles, a su caos encantador, a su alegría inquebrantable. Hay escenas en Santa Marta, con sus playas que son de película… o mejor dicho, de serie de Netflix. Y, además, tenemos un elenco de talla internacional que, con respeto y profesionalismo, ha tenido que hacer lo que tantos de los nuestros hicieron antes, estudiar, trabajar y perfeccionar un acento que no es el suyo.

¿Que algunos no lo lograron al 100%? Puede ser. ¿Que hay frases con exceso de “carimañola” y “bollo de yuca”? Obvio. Pero en lugar de aplaudir que una producción de este nivel decidió respetar la parte intangible de la región , el acento, nuestra identidad sonora, en lugar de celebrar que varios protagonistas son nativos del Caribe, la reacción ha sido un concierto de quejadera e inconformidad.

Curiosamente, la queja viene de los mismos caribeños que ahora parecen haberse convertido en los guardianes inflexibles de un acento que, en realidad, nos supera a todos. Porque el barranquillero, el cartagenero, el samario, el sincelejano… todos tienen sus matices, y todos conviven en Barranquilla. Pero, por primera vez, no nos han pedido que nos neutralicemos. Nos han puesto en el centro de la historia tal y como hablamos, con nuestras expresiones, con nuestra cadencia.

Y sí, hay detalles por mejorar. Pero en vez de quedarnos en la crítica fácil, miremos lo que significa, se nos abrió una puerta inmensa. Hay una producción de alcance mundial que muestra nuestra cultura, nuestra idiosincrasia, nuestra forma de hablar sin filtros ni edulcorantes.

Asi como viajando por el mundo mi acento cartagenero se confunde con el cubano, el de los barranquilleros y samarios se confunde con venezolano. Es como si el mundo desconociera que somos más de 10 millones de caribeños, un país dentro de un país. Y estas series ayudan a mostrar que Colombia es mucho más que los acentos de personajes de dudusa procedencia. Aquí hay un Caribe enorme y fuerte, arraigado a sus raíces africanas e indígenas, potenciado con el mestizaje y la inmigración europea y árabe.

Aquí estamos. Miren la serie. Ahí está todo. Comemos butifarra y tahine. Somos la parte de Colombia que se ocultó, pero que es tan fuerte que puso Nobeles de Literatura, la cumbia y el vallenato. Los que le ponemos la gozadera al país, y además, a los más grandes empresarios de la historia de Colombia.

Columna: Blosgs e-mail: Antonio.bozzi@gmail.com