La empatía, el último estandarte humano

Columnas de Opinión
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No pensé que iba a estar escribiendo en tan corto tiempo nuevamente sobre George Harris, pero lo ocurrido en Viña del Mar no es solo una anécdota de festival, es un síntoma de algo más grande. Un venezolano exiliado intenta hacer lo que mejor sabe, reírse de su propia tragedia y de la nuestra, pero el público chileno no estaba de humor. Lo bajaron con abucheos y silbidos, y por momentos parecía que el rechazo tenía más que ver con su pasaporte que con su show.

Viña del Mar y La Quinta Vergara tienen esta tradición, lo han hecho con otros comediantes y artistas, incluso chilenos, y eso está bien, el público tiene derecho a reaccionar, pero estamos perdiendo algo esencial, la empatía. La empatía es la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de los demás, de ver las cosas desde su perspectiva en vez de la nuestra. Es una habilidad crucial que permite las relaciones sociales y profesionales, desarrolla la conciencia de uno mismo y contribuye a un mundo equitativo y pacífico.

Es la última cualidad humana que nos queda y la única que no puede ser copiada ni reemplazada. La inteligencia artificial puede imitar nuestras voces y predecir nuestras emociones, pero no puede sentir como nosotros. Si dejamos de hacerlo, ¿qué nos queda?

Lo irónico es que lo que Harris defiende en su monólogo es precisamente lo que deberíamos entender todos los latinoamericanos, que somos una nueva raza, que necesitamos adaptarnos entre nosotros, aceptarnos y convertirnos en una comunidad. Para lograrlo, debemos considerarnos iguales sin importar el acento o la nacionalidad. Solo así tendremos poder para enfrentar las persecuciones que estamos sufriendo.

Comunidad significa poder, y este solo se construye cuando dejamos de dividirnos y entendemos que todos llevamos la misma bandera, cuando nos negamos a seguir dándonos la espalda y decidimos enfrentar juntos un mundo que ya nos ve como un solo grupo. Pero sin empatía no hay comunidad, y sin comunidad no hay poder.

Si vamos a bajar gente del escenario, exijamos un estándar real. Mientras a George Harris lo bajaron antes de que pudiera iniciar su show, en el mismo festival había reguetoneros cantando letras que no solo denigran a la mujer, sino también al hombre, a los niños y a la raza humana en general. Deshumanizan a todos por igual, pero la gente las baila y nadie los baja del escenario porque suenan bonito.

Sugiero a Viña del Mar que establezca un estándar claro y decida de una vez por todas quién se queda y quién no. El monstruo de Viña ha hablado, pero esta vez no solo devoró a un comediante, devoró, aunque sea un poco, la posibilidad de creer en una Latinoamérica unida. Si no recuperamos la empatía, lo próximo que perderemos será nuestra propia humanidad.

Columna: Blosgs e-mail: Antonio.bozzi@gmail.com