Se acerca diciembre, mi corazón y mi alma se alegran, se regocijan, embarcados en una gran barca plétora de personajes como la alegría, la tranquilidad, la fraternidad, la esperanza, y la nostalgia, entre muchísimos pasajeros más; que anhelan llegar a su destino, para celebrar la Navidad y año Nuevo con familiares, amigos y vecinos; pero, la turbulencia de esa mar agitada por la violencia, la carestía, el rencor, y la envidia, hacen tambalear y peligrar la vida de los pasajeros que navegan en esa fuerte embarcación.
Diciembre es el mes más hermoso del año, en donde hasta la naturaleza se confabula para que sea una época fresca con suaves vientos alisios, que invitan a los moradores y turistas a practicar sentimientos fraternos llenos de alegría, felicidad, y mucha esperanza para la mayoría de las personas, eso por un lado, pero por otro, también hay muchas personas que les embarga sentimientos y emociones como la nostalgia, la tristeza, y el dolor por haber perdido algún familiar o por estar atravesando una situación dura y calamitosa.
Comprendo, entiendo y respeto los sentimientos de esas personas pero, aun así, incito a esas personas a que practiquen la resiliencia para reponerse de esa fuerte y compleja situación; olvidar y sepultar esos nefastos sentimientos que nada bueno le sirven, y experimentar una nueva vida, buscar ayuda psicológica y espiritual para poder liberarse de ese trance que los condena y oprime. Que bueno que aprovecharan las fiestas de Navidad y Año Nuevo para tratar de compartir y disfrutar con los familiares, parientes y amigos esta gran época.
También, en esta época navideña, me lleno de nostalgia e impotencia el hecho de que en muchos hogares colombianos y en el mundo, se ha perdido esa tradición y cultura navideña; ya no decoran las casas, calles y parques con el ambiente navideño; en muchos hogares colombianos para esta época, ya no preparan comidas especiales, y mucho menos las donan y comparten con otra personas; muy poco se escuchan canciones como Asalto navideño, los Seis chorreaos, Las cuatro fiestas, 24 de Diciembre, la música de Buitrago, los villancicos…, que hacen parte del legado cultural y tradicional de esta época navideña; en cambio, se escucha mucho la música del reguetón, el hip pop y otros aires musicales provenientes del extranjero. Todo esto obedece a un flagelo cultural llamado “aculturación”, es decir, el desplazamiento de nuestra cultura autóctona por la foránea.
Yo conmino a nuestras familias, parientes y amigos a recuperar ese espíritu navideño, sobre todo a los padres y abuelos, que inculquen a los niños, la nueva generación, que continúen practicando este bello legado cultural, de no ser así, con el pasar del tiempo, muy seguramente, este espíritu navideño será borrado de la faz de la tierra, catapultando esta importante tradición que alegra y alivia el alma y los corazones de las personas en esta gran época decembrina. También pienso que este ambiente de alegría y fraternidad que se percibe en esta gran época, debería reflejarse en todo los meses del año, a fin de que la imponente barca no naufrague en altamar. y los colombianos vivamos todo el año en paz y alegría.
Columna de Opinión
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