El Gran Reseteo: La nueva generación y su camino hacia la individualidad

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Vivimos en tiempos curiosos. Si algo ha marcado a esta generación de padres es lo que me atrevo a llamar el “Gran Reseteo”. Y no me malinterpreten, no hablo de una catástrofe mundial ni de una teoría de conspiración, sino de un reseteo generacional en la manera de criar y educar a los hijos. Lo que antes se heredaba con orgullo, nombres, tradiciones, métodos de crianza, parece estar siendo desterrado con la velocidad de un swipe en TikTok. Los padres modernos han decidido reinventar la rueda y, aunque hay buenas intenciones en el fondo, creo que a veces nos perdemos en el intento.

Vamos a empezar por lo más fácil de identificar, los nombres. Antes, llevar el nombre de tu abuelo o de tu padre era casi una medalla de honor, una continuidad de la historia familiar. Pero hoy, parece que la tendencia es escapar de todo lo que suene remotamente a tradición. El abuelo José o la abuela María han sido sustituidos por nombres que, honestamente, uno no sabe si son personajes de una novela Venezolana de los noventas, o una nueva marca de agua embotellada, todo esto con el fin de darles autonomía desde el nombre a los jóvenes, que se sientan únicos, y no cargando con un nombre.

¿Está mal querer que tu hijo sea único? Por supuesto que no. Es más, aplaudo la creatividad. Queremos que nuestros hijos sean individuos, que brillen con luz propia. Pero, a ver, ¿realmente la mejor manera de lograrlo es llamándolos algo impronunciable o lejano a tradición familiar? Hay otras formas, más profundas, de fomentar la individualidad sin tener que batallar con las maestras que tratan de no trabarse al pasar lista en clase.

Pero el reseteo va más allá de los nombres. Tradicionalmente, los padres eran modelos a seguir, los que marcaban el rumbo con su ejemplo, ya fuera bueno o malo. Hoy, parece que el rol del padre se ha transformado en algo más... negociable. En lugar de ser la figura que inspira respeto, o que, por lo menos, te hacía dudar si ibas a desafiar las reglas, ahora los padres son menos una figura autoritaria, y más una mezcla entre coach de vida y mejor amigo en el hogar.

¿Es malo esto? No necesariamente. La comunicación abierta y la cercanía emocional entre padres e hijos es un avance, sin duda. Pero, entre tanto "negociar" y ser "amigos", me pregunto si no estaremos perdiendo algo importante: la capacidad de los padres de ser guías firmes. Es decir, al final del día, un niño necesita límites claros, porque aunque no lo digan, los niños buscan esa estructura para sentirse seguros, esto lo avalan todos los estudios de psicología existentes sobre el comportamiento de menores. Y bueno, ser padres no significa convertirse en jefes totalitarios; significa ser la brújula que, de vez en cuando, pone las reglas claras.

Lo más interesante de este Gran Reseteo es la constante búsqueda de nuevos métodos de crianza. Se han dejado de lado muchas de las formas tradicionales que, sí, funcionaron por generaciones. Castigos, normas estrictas, horarios rígidos... todas esas cosas que quizá no amábamos como hijos, pero que en muchos casos nos ayudaron a madurar. La nueva corriente, mucho más flexible, suena atractiva: hablar, negociar, ser paciente. La mayoría de los padres de antaño no eran abusivos, esto también está demostrado en investigaciones.

No está mal innovar, claro que no. Pero como todo en la vida, necesitamos equilibrio. Los padres de hoy quieren, con la mejor intención del mundo, evitar los errores del pasado. Sin embargo, en esta búsqueda de nuevos métodos, ¿no estamos creando un ambiente sin reglas claras? Porque, al final, hay cosas que funcionan por más que queramos reinventarlas. El respeto, la responsabilidad y, sí, la disciplina, siguen siendo fundamentales para que los niños crezcan con valores sólidos.

Este Gran Reseteo tiene sus cosas buenas, pero también nos deja preguntas. La crianza no tiene por qué ser un campo de batalla entre lo viejo y lo nuevo. Es posible crear un balance entre la modernidad y la sabiduría de generaciones pasadas. ¿Innovar? Sí, por supuesto. Pero sin olvidar que ciertos principios, como la autoridad y el respeto mutuo, no pasan de moda, los nombres si...

Así que, padres modernos, sigan explorando. Pongan nombres únicos a sus hijos, promuevan su individualidad. Pero no olviden que hay maneras más profundas de hacerlo que solo elegir nombres excéntricos. Y sobre todo, recuerden que ser padres no significa ser los mejores amigos todo el tiempo; significa también ser las guías firmes que los hijos, aunque no lo digan, tanto necesitan.

Columna: Blosgs e-mail: Antonio.bozzi@gmail.com