Trabajo infantil: Reto para los formuladores de política pública

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Escrito por:

Hermes Henriquez Algarín

Hermes Henriquez Algarín

Columna: Opinión
e-mail: herhen70@hotmail.com


La literatura científica reconoce en los primeros años de la niñez, los fundamentales para el desarrollo e impacto en las etapas futuras de su crecimiento. La adolescencia, fija las bases del comportamiento del futuro ciudadano para su desempeño en la vida personal, profesional y laboral, sin embargo, estas importantes etapas del desarrollo del ser humano, parecen descuidarse en algunos territorios, ausentes de políticas públicas, o en otro caso, insuficientes para promover un adecuado desarrollo de la niñez y la adolescencia, y con ello crear mejores condiciones para garantizar un presente y futuro de expectativas favorables para el desarrollo y bienestar individual y colectivo en la sociedad.
La niñez y la adolescencia suelen recordarse como las mejores etapas de la vida, llenas de gratos recuerdos y anécdotas en medio del juego, los estudios, las amistades, las pilatunas, la recreación, el deporte, la sana convivencia, los momentos en familia, la vida en el barrio, en fin, pero este imaginario parece desdibujarse en las actuales y futuras generaciones que ven pasar estas etapas en las calles, los semáforos, las puertas de los negocios, el mercado, la venta informal, etc. El estudio, la recreación, el juego, entre otros pasan a un último e inexistente plano.

El derecho a la vida, a una buena calidad de vida y a un ambiente sano en condiciones de dignidad y goce de todos los derechos en forma prevalente para su desarrollo integral, son fundamentales para el desarrollo de la niñez y adolescencia, lo cual supone la generación de condiciones para asegurar, desde la concepción cuidado, protección, alimentación nutritiva y equilibrada, acceso a los servicios de salud, educación, vestuario adecuado, recreación y vivienda segura dotada de servicios públicos esenciales en un ambiente sano (Ley 1098 de 2006), de allí, el reto para las autoridades y los formuladores de política pública en garantizar el cumplimiento de sus derechos y el bienestar en la sociedad.

De acuerdo con el Dane (2007), dentro de los factores más importantes relacionados con la decisión de los hogares frente al trabajo de los menores de edad, se encuentran algunos de tipo económico, como la precariedad y calidad de los empleos de los adultos que determina el ingreso de los hogares y la necesidad de apoyo económico de los niños, niñas y adolescentes, la falta de oportunidades derivada de una inequitativa distribución de la riqueza, la oferta insuficiente de cupos y los gastos requeridos para la escolarización, a lo cual se suman las percepciones y valoraciones culturales sobre la utilidad de la educación.

El Boletín Técnico del Dane (2019) fundamentado en la Gran Encuesta Integrada de Hogares -GEIH- del módulo trabajo infantil, muestra que el porcentaje de trabajo infantil disminuyó de 10,2% en 2012 a 5,4% 2019, sin embargo, el mayor porcentaje de trabajadores infantiles está representado por los hombres, 7,0% en el 2019, respeto a las mujeres (3,6%), además, se observa que, el porcentaje de trabajadores infantiles es mayor en el rango de los 15 a los 17 años de edad, que de los 5 a los 14. La población de trabajo infantil, se concentra mayoritariamente en los centros poblados y rural disperso, en contraste con las cabeceras. (Dane, 2007)

¿Qué políticas públicas se requieren para erradicar el trabajo infantil como práctica que afecta el sano desarrollo de la niñez y la adolescencia?, teniendo en cuenta que el art. 44 de la Constitución del 1991 y la Ley 1098 de 2006, de infancia y adolescencia, contemplan que los niños y adolescentes serán protegidos contra el trabajo que pueda afectar su salud, integridad, seguridad e impida sus derechos.


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