Ricos dispuestos a pagar la cuenta

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Escrito por:

Javier Lastra Fuscaldo

Javier Lastra Fuscaldo

Columna: Opinión

e-mail: javierlastra6@hotmail.com

Twitter: @JLastraFuscaldo


Por muy necesaria que sea una reforma tributaria son pocos los quieren aceptarla sobre todo en medio de una crisis y, menos aún, cuando la fórmula de solución es gravar los productos básicos de la canasta y al grueso de la clase media. Sin embargo, con un cambio de las personas llamadas a tributar, es mejor hacerla que postergarla. Surge entonces la pregunta, ¿qué repercusiones tendría aplazar la reforma?

Primero, asumir que un país que gaste más de lo que gana, y endeudado, afecta la capacidad del Estado para responder con su finalidad de brindar bienestar y protección a sus habitantes, pierde la confianza de inversionistas quienes facilitan recursos a través de créditos para que los programas sociales del gobierno, por ejemplo, dinamicen la economía. En concreto, una desaceleración del crecimiento económico del país aumenta el desempleo y la desigualdad, y desmejora la calidad de vida de los ciudadanos.

Es esa la situación por la que atraviesa Colombia y sin duda hay que hacer algo. Se sabía que venía en camino una reforma tributaria pero no se conocía a quienes se les iba a pedir que pagaran la cuenta y taparan el hueco fiscal el cual, por cierto, no todo es atribuible a la pandemia y ese es un debate que hay que dar en algún momento.

A penas el gobierno dio a conocer el alcance de la reforma con aumento y creación de IVA a productos básicos de la canasta, ampliar la base de quienes declaren renta, gravar las mesadas pensionales, entre otras medidas, se vinieron lanza en ristre la opinión pública y todos los partidos políticos incluso el partido de gobierno con el expresidente Uribe a la cabeza.

Las críticas vienen de todos los sectores. Si bien algunos más radicales que otros como Germán Vargas y Cesar Gaviria quienes la rechazaron de plano por considerar que este no es el momento para reformas y menos obligar a la clase media a pagar los platos rotos, otros, como la Asociación de Industriales ANDI, quienes a pesar de sus críticas hacen un llamado a la sensatez para tomar decisiones oportunas, porque saben los efectos devastadores que podría tener para la economía del país el crecimiento del déficit y a cambio vincular transitoriamente a los grandes contribuyentes aplazando beneficios y exenciones logradas en anteriores reformas.

En el fragor de las candidaturas presidenciales para el 2022 vende más el discurso de quienes se oponen a la reforma, sin embargo, si bien con esa postura se ganan adeptos, el efecto de hundir la reforma sería que ante la victoria electoral del 2022 encontraran el país sumergido en una profunda crisis y quien gane después de oponerse a la reforma le correspondería hacerla y en peores condiciones que las actuales.

Al presidente sí, “se le fueron las luces” aspirando a ingresos por 23.4 billones de pesos en una sola reforma sin considerar que quemaría el poco capital político que le quedaba y en su lugar presentar una reforma menos ambiciosa y concertando con los más ricos para que en esta coyuntura hagan el esfuerzo y dejarle al próximo gobierno la responsabilidad de hacer la segunda parte. Duque insiste en mantener su propuesta con sustituciones, ahora en medio de protestas y desmanes de algunos vándalos, esperar que nuestras instituciones, por su madurez, tomen el control y revisen las diferentes propuestas que hay sobre la mesa para evitar el colapso.


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