Orlando Alarcón Montero

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Cuando en el Magdalena se habla de cultura, reluce con merecidos pergaminos Orlando Alarcón Montero. Médico pediatra de profesión, se destacó en el ámbito cultural y artístico de su natal Santa Marta, pero también en Fort Lauderdale, donde residió los últimos años de su fructífera vida al lado de Irma, su esposa y fiel compañía de toda la vida. Excelso pianista y cultor de la música clásica, de la tradicional parisina y la colombiana, plasmó parte de su sabiduría en varios libros, de formidable contenido y erudición. Lo caracterizaron la bonhomía, su charla amena y docta, y la entrega incondicional a sus pacientes.

Desde niño, Orlando se proyectó como un virtuoso del piano; en él se manifestaron los genes familiares. Honorio Alarcón, para muchos entendidos, es el más grande pianista colombiano de todos los tiempos; formado en los Conservatorios de Paris y Leipzig, recibió el premio Mendelsson Bartholdy, el más importante recibido por latinoamericano alguno, además del título de virtuoso. Su mentor en la infancia fue el maestro Darío Hernández, quien lo inició en los fundamentos musicales; el conservatorio de la Universidad Nacional fue, a la par de sus estudios de Medicina, el escenario en el cual sus destrezas se expresaron exaltadas. Desde aquellos tiempos, su Mimi, Irma Carrillo, fue compañera eterna y musa inspiradora. Una beca por su excelencia académica lo situó en la Universidad de París, en donde se especializó en pediatría, cuando el mundo bebía los saberes de la medicina francesa. Paralelamente, la música, su gran pasión, siguió creciendo permanentemente.

Su admirado ejercicio profesional estuvo signado por su bondad, don de gentes y trato exquisito. Además de su consultorio privado, desempeñó cargos en Salud Pública y en Puertos de Colombia. Fue miembro destacadísimo y presidente de la Sociedad Amigos del Arte del Magdalena. Participó de la Revista Pro Arte como articulista y en el Comité Editorial. Con su gran amigo Hernando Pacific Robles condujeron por muchos años el programa cultural de los domingos en la Voz de Santa Marta. Las tenidas musicales con otros colegas y amigos fueron legendarias.

La vida situó a Orlando, primero en Bogotá, donde se vinculó a la Radiodifusora Nacional de Colombia con sus programas “Lo insólito de la música”, “El concierto romántico”, “Humanismo médico” y “La mujer y la música”. Fue miembro de la American Academy of Pediatrics, la Asociación Colombo-Francesa de la Medicina, la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina, la Sociedad Bolivariana y la Academia de Historia de la Medicina. Fue condecorado con la Gran Cruz de Bastidas y la Orden Tayrona al Mérito. En los Estados Unidos continuó con sus estudios e investigaciones que lo llevaron a programas radiales y a la escritura de varios libros que demostraron su erudición: Amor y neurosis en los genios de la música, Los músicos ante la Medicina, Lo insólito en la música y La mujer en dos mil años de Historia de la Música. De conversación interesante y amena, con él se podía tratar cualquier tema. En su última estadía en Bogotá nos reunimos en casa de mi padre. Como siempre, el piano de ambos fue el gran protagonista. Orlando con sus recuerdos de la Ciudad Luz, mi padre con los boleros. En esa ocasión, Orlando me habló de los detalles de su siguiente libro que, al parecer es su obra inconclusa.

Viajero incansable de gustos elegantes, fue para mí un referente de vida. Recorrió buena parte de este planeta; visitaba museos y bibliotecas en una incesante búsqueda de conocimientos para presentar en sus libros y programas. A los 94 años recién cumplidos dijo adiós a este mundo en Fort Lauderdale, donde yace para siempre. “Lelo”, como le decían en familia, deja un precioso legado del que Irma, Hayde, Fanny, Margarita, Ivonne, Giselle, Orlando Alfredo, sus diez nietos y quince bisnietos sienten orgullo inmenso. La cultura magdalenense le debe un gran homenaje a este brillante pediatra y músico excepcional.


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