Lucha de clases por la libertad.

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Escrito por:

Wilfrido De la Hoz

Wilfrido De la Hoz

Columna: Opinión

e-mail: wilfridodelahoz@gmail.com



Muchas cosas están ocurriendo en el mundo, las cuales nos indican que todos los hombres no somos iguales. Algunos, muy acatadores de los preceptos religiosos, para aliviar la cosa, agregan frases complementarias como “ante Dios todos somos iguales” y otros muy legalistas, manifiestan que  “ante la Ley, todos somos iguales”, por lo cual podemos colegir que fuera de esas concepciones, todos los hombres no somos iguales. 

Lo que ha sucedido, está sucediendo y aún seguirá sucediendo en Estados Unidos, a raíz de la campaña electoral y sucesión de su gobierno, estimulados por la propia historia de discriminación racial de los blancos contra los negros y viceversa, es la más contundente expresión de lo peligroso que resulta estar jugando con  el ejercicio de tal discriminación racial.

En nuestro país, se ha despertado entre los ciudadanos gran sensibilidad ante la discriminación o trato desigual  a personas o grupos de personas por motivos raciales, religiosos, políticos, condición física o mental. Lo que antes, familiarmente acostumbrábamos a expresar con cariño a nuestra novia o cónyuge, llamándola “mi negra”, ya no se puede hacer porque eso es discriminación contra los negros.

Viva está aún la noticia que sancionaron al futbolista uruguayo Edinson Cavani por enviarle un mensaje de admiración y cariño a un compañero de equipo, llamándolo “negrito” por haber anotado un gol.

Sabemos que ningún país del mundo acepta ni coadyuva la discriminación de los blancos contra los negros. Sin embargo sospechamos que en la práctica, los textos escritos en las constituciones y en las leyes se tornan poco relevantes, en desarrollo de las actividades corrientes de las personas debido a la complejidad de su naturaleza humana.

Cuando ese comportamiento discriminatorio de rechazo de algunos contra los otros se centra sobre temas sensibles de la sociedad; llámese política, religión o cualquier otro interés, entonces produce las peores consecuencias, lo cual puede originar hasta guerras entre personas de distintas concepciones.

En Colombia, observamos que se están generando en el terreno político, desautorizaciones, críticas mordaces, y ofensas sistemáticas de líderes de partidos o grupos políticos contra otros; inclusive contra gobernantes, en donde se pregona o se hace notorio en voz alta para que llegue a conocimiento de todos, lo más negativo de los contrarios, de manera continua y sistemática como si se tratara de rezar el rosario de cosas negativas que ofenden al destinatario  y a la vez alegran las huestes opositoras.

Este comportamiento está generalizado, esto es voz populi cuando, en ejercicio constitucional a la protesta pacífica, casi siempre,  se escuchan las mismas diatribas que van orientadas hacia los ricos, dueños de los medios de producción, detentores del poder político en lo ejecutivo, en lo legislativo y en lo judicial, asociados con las entidades de control; lo cual configura una expresión inequívoca de lucha de clases. 

En medios más informados, se piensa que la esencia de la lucha radica en el dominio y operación de los medios de producción, imperio económico político y social entre el capitalismo y el socialismo en cualquiera de sus fases modernas; lo que genera diversos procedimientos o formas de lucha, pregonada por la clase obrera desde los albores del pensamiento comunista. 

En los textos de los más representativos marxistas, encontramos un lenguaje claro de división de clases así: “la revolución proletaria destruirá el régimen capitalista en el mundo entero. Hasta la fecha, el régimen capitalista ya ha sido destruido por la revolución proletaria en una sexta parte del mundo, en la Unión Soviética”. Ahí está suficientemente nítida la intención del régimen comunista o socialista, como se le quiera llamar, ante el sistema capitalista que impera en todos los países democráticos del mundo.  



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