Partidos políticos de los que sobran

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Escrito por:

Javier Lastra Fuscaldo

Javier Lastra Fuscaldo

Columna: Opinión

e-mail: javierlastra6@hotmail.com

Twitter: @JLastraFuscaldo


Dejando de lado el debate jurídico sobre las consecuencias de la sancionable conducta de la doble militancia de los congresistas quienes en los últimos días están renunciando a sus partidos políticos, pero no a sus curules, vale la pena preguntarnos a qué se debe la desbandada, justo cuando en reciente estudio del observatorio de la democracia de la Universidad de los Andes a partir del Barómetro de las Américas, arroja que la mayoría de colombianos se ubican en el centro político.

Desde el resultado del plebiscito para refrendar los acuerdos de paz de Colombia entre el gobierno y las Farc de 2016, los analistas políticos daban por sentado que el país se movía en medio de una polarización en la que los partidarios de los extremos se posicionan con discursos hostiles, con antagonismos marcados en los mensajes en redes sociales y en ataques verbales y demandas judiciales. Sin embargo, esta premisa queda en duda al consultar el sentir de los colombianos quienes responden que los extremos no los representan, y surge la pregunta formulada por el analista e investigador Juan Carlos Rodríguez, si la polarización está en los políticos y no en los ciudadanos.

Al parecer, con los resultados de las recientes mediciones de la opinión en cuanto sus preferencias políticas, es la razón que ha motivado a líderes de partidos como el polo, liberales, cambio radical, la U, Colombia humana y renacientes, a buscar escenarios distintos desde donde expresarse, y construir nuevas plataformas para anunciar sus aspiraciones presidenciales, y decir ahora, sin ruborizarse, que no se sienten representados por la colectividad de la que han formado parte y en la que muchos de ellos fueron sus fundadores. Precisamente son este tipo de coyunturas políticas en las que surgen las supuestas propuestas de cambio y liderazgos, pero en realidad es más de lo mismo, refritos con vocación de reencauche que quieren ahora lucir diferente de lo que la gente está cansada, pero de la que siempre han formado parte.

Sería esa una opinión injusta si la dejo gravitando en la generalidad, pues hay políticos que renunciaron a sus partidos por discrepancias evidentes, por ejemplo, por oponerse a repartir avales a dirigentes cuestionados por corrupción para presentarse a cargos de elección popular, como fue el caso de la renuncia de Carlos Fernando Galán de cambio radical cuando no recibió el respaldo de su partido al liderar la revocatoria masiva de avales, por citar solo un caso.
Lo preocupante en todo esto es la confusión ideológica que se ha venido generando por la proliferación de partidos que, si bien en la actualidad son 16, en el 2002 alcanzaron a ser 72, ola que creció por la intención de la constitución del 91 de acabar con el supuesto bipartidismo imperante desde el frente nacional para darle cabida a iniciativas de minorías no representadas por la aplanadora supuestamente bipartidista.

El escenario hoy en día en muchas regiones es la estructuración de alianzas que no son nada distinto a la distribución o repartija de las instituciones como en el frente nacional, pero con la diferencia, que antes eran dos ahora son muchos y sin afinidad ideológica sino meramente electoral y con el interés de participar en la burocracia y en la contratación con cargo al erario público. Ahora se vislumbra tantos aspirantes supuestamente de centro como el firmamento, provenientes de partidos en los que según ellos sobran, para conquistar al elector hastiado de los extremos.


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