Nueva normalidad

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Escrito por:

Eimar Pérez Bolaños

Eimar Pérez Bolaños

Columna: Opinión

e-mail: eimar.perez@unad.edu.co


La Pandemia del Covid-19 cambió por completo las dinámicas de la vida en diferentes sentidos.

Ha sido una especie de recorrido en un camino desconocido para todos, del cual ni los más experimentados campos de la ciencia, de la medicina, de la política, de la economía, etc. han tenido el control de la situación. Ni siquiera pasados ocho meses, aún se puede vaticinar una luz absoluta en el túnel de la esperanza. De alguna manera, hemos tenido que adaptarnos a un estilo de vida completamente diferente a aquello que antes considerábamos como una “vida normal” fundamentada en la costumbre del día a día.

Todavía recuerdo el concepto de “reinventarse”, que por su connotación político-laboral no fue digerida por mí con facilidad; aunque en un principio la haya utilizado en algunos comentarios frente a la crisis. En un análisis posterior consideré que, era más apropiado hablar de “transformación o reconfiguración de la vida”, pensando en que, al promover el “reinventarse” era una forma de autobúsqueda de alternativas de producción, olvidando lo más esencial en el momento, que es y sigue siendo el autocuidado y medidas para salvaguardar la vida como prioridad.

No obstante, la vida sigue fluyendo, a pesar que, la pandemia ha dejado por fuera de su acontecimiento de forma intempestiva a muchos seres humanos, además de una crisis latente y trascendental en muchos sectores económicos, políticos, sociales y de formación, que en medio de la denominada “nueva normalidad” buscan incansablemente estrategias y alternativas para empezar a la recuperación de sus actividades.

En ese sentido, esta denominada “nueva normalidad”, implica paulatinamente, ante todo, la “reactivación de la vida social”; como si la vida hubiera estado de alguna manera paralizada. Más bien considero que en medio del aislamiento lo que se ha desarrollado es una reafirmación de la vida, pero con otras alternativas de relaciones sociales, entre las más excelsas destaco la tan anhelada digitalización del mundo, articulada a todo lo que conlleva a las particularidades del presente. Es decir, la vida al servicio del consumo, el cual no cesó con la alternativa de la virtualidad. También, agrego que, la consolidación vital en medio de la crisis se manifestó en las capacidades inherentes al ser humano de adaptación a nuevas circunstancias.

Por otro lado, en medio de varios pilotajes promovidos discursivamente por diferentes instituciones, se busca “salvaguardar la economía como garantía para la vida”, es decir, se consolida aquello que he mencionado constantemente como “nueva normalidad”. Dentro de la cual se suprimen los “pico y cédula”, se dan aperturas a restaurantes, playas, hoteles, etc. que cumplan con las medidas de bioseguridad expedidas por los entes de control en cada caso. Es así que, en una visita a Cartagena recientemente, observé una playa solitaria, una movilidad con restricciones, una promoción del distanciamiento físico. Unos horarios estipulados para ciertas actividades. Me preguntaba si esta “nueva normalidad” es ¿” anormal”? También anotaba, Aurelio Pizarro ¿acaso eterna?

Con tales interrogantes que me interpelan, pienso que la adaptación es una alternativa, más no una transformación absoluta de la cotidianidad, que, aunque replegados frente a las costumbres propias y particulares de cada región, más bien el espíritu reclama su “libertad” y despliegue vital, que lo configura como esencia irreductible. Es por eso, que varias manifestaciones por fuera de la “normalidad vigente” no son más que una búsqueda del “volver a ser”. Por lo tanto, la transformación social, entendida como cambios en las prácticas más arraigadas de una comunidad, resulta ser una pretensión frustrante en corto plazo. 

Finalmente, pienso que la “nueva normalidad” no es más que una extensión y forma relativa de las medidas restrictivas que emergen en medio de una Pandemia. La paciencia y mesura deben ser manifestaciones importantes frente a las dinámicas del día a día.



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