Doce curules

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Escrito por:

Javier Lastra Fuscaldo

Javier Lastra Fuscaldo

Columna: Opinión

e-mail: javierlastra6@hotmail.com

Twitter: @JLastraFuscaldo


La comisión primera de la Cámara de Representante aprobó en primer debate un proyecto de reforma política de iniciativa del partido político Cambio Radical mediante el cual busca darle mayor participación en el Congreso a aquellos departamentos del país que no cuentan con representación en el Senado de la República aumentando en 120 las 108 curules con las que cuenta la corporación, también propone eliminar a partir del 2023 el voto preferente y lograr una paridad de género.

Los partidos políticos son como una especie de columna vertebral de la democracia y de la solidez ideológica y programática de estos, depende el acierto de la adopción de las políticas estructurales del Estado y el desempeño independiente pero armónico entre el poder legislativo y ejecutivo.

Justo cuando un gran sector de la sociedad está pidiendo la reducción del tamaño del Congreso, no solo por la disminución de costos sino por las, no pocas veces, engorrosas dinámicas internas en la discusión de proyectos de leyes y debates de control político, es cuando surge una iniciativa que ha despertado desconcierto al ampliar el número de curules e incrementar su presupuesto en casi 5 mil millones de pesos al año con el argumento de buscar representación a regiones que hoy no las tiene. Sería preferible colocar topes y mínimos además de circunscripción departamental para lograr una concurrencia equitativa y representativa en vez de aumentar el número de curules.

Pero ese no es el punto principal como sí lo es, por una parte, evitar las improvisadas reformas circunstanciales de la Carta Magna. La Constitución de 1886 en sus 105 años tuvo 72 reformas en tanto la de 1991 ya ha completado 53 en 29 años, es decir una reforma cada cinco meses en promedio y de otro lado, lo más importante y definitivo, cómo compatibilizar la representatividad y la gobernabilidad.

Entre el 2003 y el 2011, tuvieron lugar tres reformas políticas que trataron de disminuir el desbordado crecimiento de partidos que surgieron después de la Constitución del 91. Veníamos de más de un siglo de bipartidismo liberal y conservador que ocupaban el 70% de las Alcaldías y la mayoría de escaños en el Congreso de la República y la Constitución del 91, abrió la posibilidad de darle participación a las minorías y facilidades para la creación de partidos y movimientos políticos y nos fuimos numéricamente al otro extremo, permitiendo que algunas representaciones personales tomaran preponderancia frente a algunos partidos políticos.

A raíz de ese contexto surge las reformas del 2003, 2009 y 2011, implantan medidas como las de incrementar el umbral electoral que obliga la fusión de liderazgos de causas afines para acceder a curules bajo la denominada fórmula de la cifra repartidora que privilegia con mayor número de curules a las listas de mayor votación y deja sin acceso a curules a aquellas listas que no superaran el umbral actualmente en un 3% del número total de votos.

El quid de la discusión no es aumentar o disminuir el tamaño del Congreso sino, por un lado, cómo lograr que la gobernabilidad no se consiga a base de “mermelada” a cambio de sumisión y por otro, que la representatividad no esté sujeta solo a que el Estado responda al pago de “deudas” con sectores que reclaman reivindicaciones como las Farc (en un futuro el ELN), las víctimas, minorías, religiosos o la condición de género sino producto de ideologías integrales propia de partidos sólidos que interpreten el rumbo que debe tomar la Nación.


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