La Essmar: ¡descapitalizada por el despilfarro!

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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Twitter: @veruzkaaaron


Sorpresa debería haber causado el anuncio del gerente de la Essmar, José Rodrigo Dajud, acerca de la necesidad de un préstamo que oscilaría entre los $17 mil millones, para capitalizar dicha empresa en virtud de la crisis financiera que atraviesa y cuyo déficit, al parecer se aproxima a los $27 mil millones.
Esto último se deduce de lo informado por Dajud, “Con esa plata se va a pagar el vacío que tiene la empresa y todavía nos quedarían faltando casi $10 mil millones”. Sin embargo, ¿cómo sorprenderse de un entuerto que se gestó ante las narices de todos lo samarios desde el día siguiente que esta empresa inició su operación? La Essmar, como lo reitera su gerente, es una compañía que, “cerró el 2019 con un déficit de $21 mil millones tras la disminución de la tarifa de acueducto y alcantarillado en un 20% y los altos costos de funcionamiento como: contratos por más de $100 mil millones en su mayoría en áreas como publicidad, contratistas y proveedores; no obstante, la compañía dejó de percibir más de $4 mil millones y debiéndole a los proveedores.”

¿A quién vamos a engañar? Esta crisis financiera estaba cantada, pese a los intentos de Dajud por corregir los efectos del manejo populista y pendenciero de la gerencia anterior que, en su momento estaba al servicio de los intereses políticos de los gobernantes de turno. Dajud, ni ningún otro funcionario en su lugar, habría podido detener la imparable descapitalización de la empresa que fuera presentada, como fuente de las soluciones para la crisis del agua en la ciudad.

Essmar, para quienes no lo recuerdan, escasamente tiene un año y cuatro meses de operación, por lo cual resulta impresentable que se encuentre en tamaña crisis. Lo que esperaban los samarios a la fecha, después de tanto aspaviento con su creación es que, como producto de su gestión tuviéramos un proyecto y/o diseños viabilizados para una solución de fondo ante la problemática del agua. Sin embargo, aquí seguimos con planes de contingencias insuficientes para satisfacer la demanda de comunidades de todos los estratos, en medio de la peor crisis sanitaria que se haya conocido desde comienzo del siglo pasado, para la que se supone, el agua es un elemento vital en su contención.

Con la Essmar, nos vendieron la idea de que la ciudad recuperaría el 100% del control y manejo en la prestación del servicio, luego de retomarlo de una concesión que se encargaba de ello. Este riesgo no es cuestionable, siempre que las entidades territoriales estén preparadas financiera, administrativa y operativamente para asumirlo en beneficio de la ciudadanía. Sin embargo, este control fue tan breve, como el chorro de agua que llega a nuestros hogares por día. Con una empresa en déficit y endeudada, lo que queda por controlar es el porcentaje de intereses que los acreedores cobrarán por cubrir el despilfarro causado casualmente, durante campaña en las pasadas elecciones. Ni que decir del control de la operación del servicio, pues, como nunca, dependemos de un sistema sí, pero de carro-tanques maquillados con un color político que cada día se destiñe más y más.

Mientras algunos líderes gremiales y políticos comienzan a reaccionar ante el descalabro del que la ciudad ha sido víctima –la única que puede declararse como tal-, una gran parte de la ciudadanía sigue ajena a ésta y otras grandes problemáticas que nos acechan. Samarios ¡es momento de reaccionar! Reclamemos resultados y responsabilidades, ante el fraude de una gestión pública que nos ha disminuido social y productivamente.

Por otro lado, ¿dónde están los entes de control que no se pronuncian al respecto? ¿Qué hace falta para que la justicia brille por sus actuaciones para defender los intereses de la ciudad y no por sus asociaciones con quienes la desangran?


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