Lo malo, lo feo y lo bueno de la pandemia

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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com



Desde marzo de 2020, el mundo entero ha sido duramente golpeado por el terrible flagelo de la pandemia, producto del Covid-19. Según datos científicos de la OMS, no existe sitio de la geografía universal que no se haya contagiado por este virus; los más afectados, sin lugar a equívocos, los adultos mayores, la niñez y las personas con enfermedades de alta morbilidad.

El número de muertos a nivel mundial, supera los 700 mil, preocupa y de qué manera, que, si bien es cierto, determinados laboratorios han diseñado vacunas en proceso de experimentación; como consecuencia de esta pandemia, el Gobierno Nacional, ha promovido protocolos de bioseguridad que se cumplen a regañadientes para evitar que el virus se siga propagando. No obstante a ello, algunos ciudadanos se muestran reacios y tercos creyendo que se trata de una pretensión, cuando realmente es una normatividad de orden legal a salvar vidas, luego es una obligatoriedad. Precisamente por no cumplirse estas medidas de bioseguridad es que ha surgido el abultado número de muertos en diversos puntos del mundo.

Preguntamos ¿Quiénes mueren en la pandemia? Es meritorio refrendar en esta naturaleza que los efectos del Covid-19 no tienen edad, ni estrato socioeconómico; mueren ricos, pobres, jóvenes, viejos y lo peor del caso es que las consecuencias son de isofacto; esto conlleva a que debemos ser muy rigurosos en el cumplimiento normativo que expide el Gobierno Nacional, en aras de prevenir que éste flagelo se siga multiplicando.

Sí en alguna casa no le permiten el ingreso por acatar medidas de bioseguridad, no se enoje, respete esa decisión, es por bien de la salud. Países como Alemania y Finlandia, desde el momento mismo que se originó el virus, sus gobiernos reglamentaron y sus ciudadanos acataron; de ahí los resultados.

Hemos expuesto las consecuencias nefastas del virus, pero es transcendental destacar algunos aspectos que han fortalecido la solidaridad en el contexto universal, igual la comprensión y ¿Por qué no el amor y la confraternidad?. También, cobra capital interés el sedentarismo, confinamiento, por la recomendación vital “Quédate en casa”, como fortaleza para robustecer la sana convivencia. Es así que encontramos hoy a familias confinadas, esposos haciendo sano esparcimiento en patios de las casas y los jóvenes estudiando virtualmente, algo novedoso; además, valorando dietas alimenticias provechosas que no lo hacíamos.

Podríamos decir que en la actualidad el ser humano se valora más. Es triste y nostálgico despedir a muchos jóvenes y a nuestros queridos viejos, precisamente como resultado de esta catástrofe global, la pandemia.
Lo feo de la pandemia es el desequilibrio económico que produce en todos y cada uno de los frentes laborables. Los afectados somos todos, ricos, pobres; aquí los que mejor están son los empleados de carácter gubernamental y pensionados.

En síntesis, lo malo, lo feo y lo bueno, no deja de preocupar a la humanidad, que sueña que ésta horrible pesadilla, real, pronto pase para vivir en tranquilidad. Que esta experiencia sirva a generaciones venideras. Todo, todo lo que ha sucedido, nos lleva a cambiar nuestro estilo de vida.


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