Palabra escrita

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Eimar Pérez Bolaños

Eimar Pérez Bolaños

Columna: Opinión

e-mail: eimar.perez@unad.edu.co


Detrás de una palabra hay un autor, un sentido, un pensamiento y un contexto. La palabra puede ser escrita u oral. Esta última ha perdido vigencia en el tiempo, bajo el lema de “si no hay nada escrito, las palabras se las lleva el viento”, tal afirmación en el mundo de la desconfianza, resulta ser un atropello al legado socrático, para quien la palabra oral, representa un gran valor humano. Sin embargo, también la palabra escrita en la actualidad pareciera haber perdido su respeto, hasta el punto que muchos afirman “que el papel aguanta todo”, esto se evidencia en la confrontación de poderes, quizá por un sistema cómplice, promovido por la injusticia y algunas veces por la carencia de la puesta en práctica de los valores.

En consecuencia, se ha desprestigiado el sentido de la palabra en términos generales, por ejemplo, en las tradiciones culturales más conservadoras el contrato oral tenía un valor indeleble, de respeto y de responsabilidad. A pesar de ello, en mi caso particular he dedicado mis ratos de ocio a la escritura, porque la considero como un instrumento de desahogo y de resistencia al rendimiento productivo; también escribo cuando quiero hacer algo diferente a lo obligado, lo cual ha ido perfeccionando mi pluma, no como ego, ni búsqueda de fama, sino como estilo de vida; como forma de pronunciarme, ante cualquier situación que me interpele. Confieso que a veces cuando escribo en las redes sociales con apresuramiento de no dejar escapar la idea, se me va uno que otro error ortográfico, esto me parece normal y chistoso. No obstante, siempre aparece un colega crítico para hacerme caer en la cuenta del desliz y puedo rectificar y corregir; agradecimiento total con ellos.

Por otra parte, también escribo porque en ocasiones no me gusta hablar, o el pensamiento aparece fuera del tiempo en el que debo intervenir. Me gusta expresarme oralmente, cuando tengo un panorama amplio de la situación y no como obligación, en contraste con la responsabilidad que amerita un pronunciamiento inmediato, si es el caso. Soy un “rumiante”, por tanto, cuando siento que ya estoy fuera del contexto no me queda otra cosa que escribir. Hay ocasiones en que el pensar fluye y puedo debatir de forma inmediata, en otras me mi estado reflexivo se encuentra entre paréntesis y aunque los temas sean importantes, mis ideas no fluyen de inmediato, sino después.
Finalmente, estoy convencido que las huellas de la historia no son reemplazables por la digitalización y automatización del mundo, ni mucho menos por la perturbación abrumante de la operatividad. La presión de acomodarte a la producción y al salario como recompensa a la función, no es excusa para no ejercer el derecho a escribir, a brotar de todo el inconsciente lo inexpresable por muchos, lo articulado al pensamiento como forma compleja de expresión.


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