Semana Santa virtual

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jesús Dulce Hernández

Jesús Dulce Hernández

Columna: Anaquel

e-mail: ja.dulce@gmail.com



Esta será tal vez la primera Semana Santa virtual en la historia. En Colombia, al menos de momento, será sin duda el impacto más real y notorio del aislamiento obligatorio del Coronavirus.

La Iglesia ha mandado mensajes sustanciales que trazan retos importantes para los feligreses. Por ejemplo, los oficios de Semana Santa se harán a solas por los sacerdotes y serán transmitidos para que los creyentes los sigamos desde nuestra casa. Para algunos podrá ser insignificante, pero la verdad es que plantea toda una revolución para la psiquis católica colombiana. Porque, quién lo diría, somos tan anacrónicos y tan leguleyos que todavía hay quienes preguntan si la misa del sábado vale por la del domingo. Aquí lo importante sigue siendo eso: la forma, lo que confirma que somos un país católico de mente, pero jamás de espíritu.

El mundo nos está dando una oportunidad para reflexionar y no hay que desperdiciarla. Sobre esto, el Papa Francisco también envió unos mensajes muy potentes en la bendición Urbi et Orbe que dio el pasado 27 de marzo desde la plaza de San Pedro en Roma. Dijo, por ejemplo, que con el Coronavirus habíamos pasado de una humanidad hasta ahora confiada en su propio poder a ser una que pide ayuda para salvarse. También afirmó que no habíamos sido capaces de parar delante de los problemas que nos rodean, ni de despertar frente a tanta guerra e injusticia, ni de oír el grito de los pobres, ni del mismo planeta. Por el contrario, dice el Papa, seguimos pensando que vamos a estar siempre sanos en un mundo que está realmente enfermo. Qué duras y qué necesarias fueron esas palabras. Valdría la pena aprovechar este tiempo para preguntarse qué tan enfermos estamos y cuáles son los remedios que nos permitirán mejorar como sociedad.

Hace poco leí un libro de Víctor Frankl, sobreviviente del Holocausto, en el que analizaba cómo había prisioneros que al llegar al campo de concentración perdían la idea de futuro y por lo tanto no había una meta a la que aspirar. Eso implicaba un cambio profundo en su estructura psicológica que terminaba en el decaimiento y una especie de muerte en vida. Esas personas, comenta Frankl, olvidaron que las adversidades nos dan la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de nosotros mismos. Por eso, en medio de este revés que nos juega la vida, esta Semana Santa aprovechen para conocerse más y de paso revisen si hay un futuro en sus vidas, y si no, empiecen a trabajar en él.

Hoy más que nunca es importante revisar en qué aspectos de la vida hasta ahora hemos puesto nuestra fe, nuestra confianza. No creo que este aislamiento nos cambie, ni que el mundo vaya a tomar nuevos rumbos. Lo que sí creo es que es un chance que tenemos de hacer un alto en el camino, mirar a nuestro alrededor y revisar nuestra casa. Al fin de cuentas es ese lugar, y no otro, el que nos muestra de frente la realidad en la que vivimos. El verdadero cambio de la humanidad empieza allí.


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