Henry Ford nunca paseó en Chevrolet

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es



El hombre que creó un imperio industrial y amasó una extensa fortuna nunca pudo darse un lujo común y corriente para cualquier mortal.
Nadie se lo prohibió, pero para él era éticamente imposible abordar un vehículo de marca Chevrolet. Durante sus años mozos, como ingeniero industrial ideó y puso en marcha una estrategia que de inmediato revolucionó la industria del automóvil. Más tarde su invento se puso en práctica en todas las factorías del mundo, no solo para la construcción de automóviles, pero Henry Ford continuó añorando un paseo en un confortable coche Chevrolet. Hubo décadas enteras en las cuales solo veíamos en nuestras ciudades y carreteras automóviles de las marcas Ford y Chevrolet. Con menor frecuencia aparecía un Dodge, un Plymouth u otro vehículo. Esta casi exclusividad se debía a que los importadores nuestros comerciaban con estas pocas marcas. Puede afirmarse que la competencia mayor era entre Ford y Chevrolet.

Henry Ford nació el 30 de julio de 1863 en Dearborn, Michigan, Estados Unidos. Murió el 7 de abril de 1947, a los 84 años. Era hijo de pobres granjeros irlandeses. Después de sus estudios secundarios laboró como aprendiz de mecánico en Detroit. Más tarde entró a trabajar en la Illuminating Company, donde ascendió hasta ser ingeniero jefe. En sus ratos libres se dedicó a la construcción de lo que llamaba “coche sin caballos”, que terminó en 1896. Ese vehículo tenía un motor de dos cilindros, sin marcha atrás. Su importancia vino después, cuando logró producirlo en serie. Ford construyó coches de carrera que conducía él mismo. En 1903, después de comprar la mayoría de las acciones a sus socios, fundó la Ford Motor Company. Los antiguos socios preferían un modelo de lujo y alto precio, en cambio Ford pensaba en la producción de un automóvil muy sencillo, popular y, sobre todo, barato. El resultado fue el Ford T, que salió a la venta en 1908. Cinco años más tarde la compañía puso a rodar 25.000 automóviles anuales a un precio de 500 dólares.

El verdadero secreto de Ford fue haber sabido combinar los tres factores que no solo revolucionaron la industria automovilística sino la sociedad norteamericana en su conjunto. Esos factores fueron: Fabricación masiva de todas y cada una de las piezas que componen un automóvil; eso permitía ensamblar centenares de automóviles en un día. Concesión de salarios elevados a los trabajadores; inmediatamente adquirían su Ford T. Establecimiento de una vasta red de concesionarios que pusieron en práctica la venta a plazos. El único hijo de Henry Ford, Edsel, fue presidente de la compañía desde 1919 hasta 1943. Lo sucedió Henry Ford II hasta 1980.

De Henry Ford hay que decir también que fue un pacifista pero con olfato mercantil bien afinado. Durante la Primera Guerra Mundial fletó el llamado ‘Barco de la Paz’ y financió a organizaciones pacifistas para detener la guerra. Sin embargo, al ver que eso no iba a ser posible, puso sus factorías al servicio del gobierno estadounidense y obtuvo contratos multimillonarios para la fabricación de armamento. De igual forma actuó durante la Segunda Guerra Mundial: después de oponerse a ella en forma decidida, al producirse el ataque japonés a Pearl Harbor, no tardaron en salir de las factorías de la Ford los primeros superbombarderos en apoyo de los Aliados.

Políticamente Henry Ford estuvo en contra de los judíos. En un periódico de amplia circulación escribía artículos contra el sionismo y recalcaba que él era el único industrial importante no judío que había en los Estados Unidos. Como testimonio permanente del empuje del creador de la producción en serie en el campo de la industria, la empresa creó la Fundación Ford, destinada a fines humanitarios.


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