En defensa de la vida del no nacido

Columnas de Opinión
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Escrito por:

María del Rosario Guerra

María del Rosario Guerra

Columna: Opinión

e-mail: comunicacionesmrg@gmail.com

Interrumpir una vida en gestación no es otra cosa que un aborto. Sin embargo, pareciera que para el magistrado de la Corte Constitucional, Alejandro Linares, esta conducta cruel debería ser despenalizada en su totalidad, permitiendo a las mujeres asesinar arbitrariamente y sin límite al que está por nacer durante los primeros tres meses de embarazo.

Ya la Corte Constitucional había despenalizado, en 2006, el aborto en tres casos: cuando la vida de la madre estaba en riesgo de muerte, cuando el feto tuviera malformación que hiciera inviable su vida y cuando el bebé fuera el resultado de una violación declarada. Ahora proponen decretar quitarle la vida al bebé en el vientre por simple decisión de la madre. La Corte ha desdibujado cada vez más los límites para acabar con las vidas humanas, desconociendo que tiene como principal deber tutelar lo contenido en la Carta Magna, y el derecho a la vida en todas sus formas es el más importante. Pero parece que no aplicara para los indefensos y para los más vulnerables.
Nuevamente el alto tribunal se extralimita al fijar posturas y tomar decisiones que solo le competen al Congreso de la República, único llamado a legislar sobre derechos fundamentales como preservar o no la vida, y definir si se crean o eliminan delitos y sus penas. La Corte tiene que entender que la vida es un derecho protegido por la Constitución colombiana y los tratados internacionales, por lo que debe ser defendido, y no trasgredido.
En Colombia la pena de muerte para los violadores, asesinos, terroristas y criminales está prohibida, pero ahora resulta que un inocente, un no nacido, un ser vivo que no puede defenderse, estará en peligro en el propio vientre de su madre, único lugar que se supone debería ser el más seguro para él. Esto es inconcebible.
Muchos exigen la protección de líderes sociales, defensores de Derechos Humanos y exguerrilleros, pero no se rasgan las vestiduras por el nasciturus o el que está por nacer, el más vulnerable de todos; en especial cuando el aborto sigue siendo un delito tipificado en el Código Penal colombiano. Se ignoran los hechos biológicos de la existencia de una vida desde el momento de la concepción se le llama “proyecto de vida”, desconociendo que la creatura ya se encuentra con todas sus características humanas.
La mujer no necesita abortar cuando su embarazo es no deseado o presenta complicaciones. Necesita políticas públicas y acompañamiento social que la protejan y le garanticen una maternidad segura y saludable. Las colombianas necesitan opciones de vida, y no que les ofrezcan el aborto como primera y única salida. Se requiere que el Estado, incluida la Corte, respete la dignidad humana tanto del naciturus como de la madre. Se necesitan profesionales que valoren y defiendan la vida, y que promuevan la adopción como una opción para aquellas madres y parejas que han pensado abortar. No se puede hablar de apoyo a la mujer y respeto por la vida humana cuando se buscan salidas fáciles, lucrativas y moralmente inaceptables como el aborto.
Pareciera que al togado no solo se le olvidó que en la Constitución colombiana no existe el derecho a matar, sino que perdió la concepción de lo que significa respeto por la vida, algo inviolable.
Como bien lo dijo el actor provida, Eduardo Verastegui: “El verdadero hombre es un guardián, esa es su naturaleza, ser protector de la vida. Si no es capaz de proteger y defender a los humanos más pequeños, los que no se pueden defender, los más vulnerables; los bebés que se encuentran dentro del vientre de su madre y corren el riesgo de ser abortados, entonces se comporta como un cobarde”.
La vida es sagrada porque es un maravilloso don de Dios, nadie tiene el derecho a decidir sobre ella, en este caso, ni siquiera la madre, porque ambos -madre y naciturus- son seres diferentes, con su propio código genético. Nuestras leyes reconocen y protegen a los que están por nacer, y no tiene la madre el derecho a quitarle la vida.
Como bien lo dijo su santidad el papa Francisco en una de sus reflexiones sobre el tema: ¿Es justo eliminar una vida humana para resolver un problema?, ¿Es justo contratar a un sicario para resolver un problema?, no, el aborto no es un problema religioso, es un problema humano por eliminar una vida humana, punto”.
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