Organización Mundial del Comercio

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



El martes de la semana pasada la Organización Mundial del Comercio (OMC) pasó a mejor vida para efectos prácticos. El Tribunal de Apelación perdió dos de sus tres miembros, quedando de facto desmantelado. Los Estados Unidos han bloqueado el nombramiento de los dos miembros que hacen falta, y los dos que se fueron habían cumplido su periodo.

En la opinión de los Estados Unidos, secundada por la Unión Europea entre otros, reconocen que este organismo ya no es idóneo para cumplir el objetivo que se le trazó al ser creado. La decrepitud e ineficacia parece ser la característica de los organismos que fueron creados inmediatamente después del final de la Segunda Guerra Mundial. Vale la pena recordar que la OMC es una versión mejorada del GATT.

Para los Estados Unidos legalmente es problemático aceptar que las decisiones de un organismo internacional están por encima de la Constitución de los Estados Unidos y de los fallos de los jueces federales. La ley suprema de los Estados Unidos es la Constitución, y no se avizora en el futuro inmediato ni mediato que los Estados Unidos abandonen esta posición y reconozcan la superioridad de los organismos y fallos supranacionales.

Posición doctrinal que le ha servido bastante bien en las actuales disputas comerciales que en estos momentos tienen con China y otros países; simplemente, la intromisión de la OMC no es ni será aceptable. Pasada la fiebre de la globalización, cuyo último revés vino de la mano de los votantes británicos también la semana pasada, y dado el rechazo de Trump a los tratados multilaterales, Estados Unidos ha optado por resolver sus conflictos comerciales o establecer nuevas relaciones comerciales con tratados bilaterales, tal como lo está haciendo ahora con China.

Causas inmediatas del colapso de la OMC es el paradigma trumpiano de America First o los Estados Unidos primero y el abuso del sistema internacional por países como China. El pensamiento trumpiano se niega a dar ventajas a otros países a cambio de nada. Concesiones hechas de buena fe en el pasado y en aras de ayudar a los países en vía de desarrollo fueron abusadas por sus beneficiarios, con el agravante de quitarle competitividad a la economía estadounidense y a la vez colocando en peligro la supremacía comercial, financiera y militar. No era una situación sostenible, y por esto el giro al America First.

Algunas de las clausulas pactadas permiten que los países se cataloguen así mismos como países en vía de desarrollo para posponer la aplicación de las exigencias que en teoría buscan una relación comercial justa y simétrica. China abusó de esta cláusula para no cumplir con las normas y crear ventajas tramposas en sus relaciones con los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea. El juego sucio de China le ha permitido convertirse en la segunda economía del mundo en términos de PIB, desplazando a Japón, pero dejando como daño colateral el colapso de la OMC.

Sin duda las causas del colapso de la OMC son jurídicas y políticas, pero más políticas que jurídicas y tendrán que ser resueltas en estos escenarios. Las nuevas realidades geopolíticas, e incluso ambientales, obligan a negociar un nuevo acuerdo a tono con las circunstancias actuales y con suficiente flexibilidad para adaptarse a los cambios futuros.

El 2020 será decisivo para la OMC por dos razones. La primera es que los ministros de relaciones exteriores se reunirán a mediado de año, y entonces tendrán que decidir los siguientes pasos a dar en el manejo de las relaciones comerciales entre países. Y la segunda, el resultado de las presidenciales en los Estados Unidos.


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