La justicia cojea…

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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

e-mail: carlospayaresgonzalez@hotmail.com



Reconforta la declaratoria de inocencia de Carlos Caicedo Omar. El mejor rector que ha pasado por la Universidad del Magdalena. Sin duda perseguido por algunos políticos de conducta oprobiosa y algunos inclinados funcionarios que cooptaron de manera descarnada los poderes del Estado para el beneficio de un grupeto de tunantes.

Fue en manos de Carlos Caicedo Omar la Universidad del Magdalena la única institución pública del Departamento del Magdalena que ofrecía frutos y ejecutaba el presupuesto distante de los mañosos repartimientos que la tradicional politiquería ha acostumbrado en estos lares desde décadas y hasta siglos. Carlos Caicedo Omar fue de los pocos que no se arrodilló a la voluntad proterva de la parapolítica asentada en los cargos públicos a lo ancho y largo del territorio departamental.

Una actitud arriesgada por haber sido sometido a toda clase de improperios y amenazas. Y ese fue el "pecado" de Caicedo Omar para quienes oficiaron como victimarios: el no doblegarse ante la trémula danza. El mismo "pecado" que pudo haberle costado (como fue reconocido en unas declaraciones ante los estrados judiciales por un miembro del paramilitarismo de la Costa Caribe colombiana) la vida misma.

Fue entonces el rector Caicedo Omar un hombre que con valor defendió la autonomía universitaria y la dignidad de los miembros de la comunidad académica que representaba, cosa que, por desgracia, no parece estar ocurriendo en este tiempo.

Hace apenas unos días la justicia ha absuelto a Carlos Caicedo Omar. Sin embargo, fueron cinco años de injustificado martirio para su vida familiar y la de la institución educativa que representaba.

Todo comenzó en agosto de 2006 cuando un fiscal de Santa Marta ordenó detener al rector de la Universidad, supuestamente por haber pagado de manera irregular las cesantías a unos profesores del alma mater.

A partir de ese momento la comunidad universitaria realizó varias manifestaciones gigantescas que llegaron hasta la puerta de la Gobernación del Magdalena (epicentro de la injusticia) para denunciar, los profesores y estudiantes, la perversa persecución que se maquinaba contra el rector del magno claustro. No valió de nada que Caicedo Omar sometiera su actuación a una revisión de la Procuraduría. Que el Tribunal Contencioso aprobara lo ejecutado. Que un fiscal de la Unidad Nacional Anticorrupción ordenara la preclusión de la investigación que se adelantaba.

De un momento a otro en Santa Marta un fiscal reabrió la investigación para terminar acusando al rector. En octubre de 2007, a pesar de la demostrativa defensa que hizo el mismo Carlos Caicedo Omar, un juez lo condenó a ocho años de cárcel. La apelación durmió durante 18 meses en el Tribunal del Magdalena, hasta que un día cualquiera apareció un tenebroso pasquín en el que se decía que el rector había dado plata a los magistrados para que lo absolvieran, cosa que obligó a mandar su caso a la ciudad de Bogotá.

El objetivo era dilatar hasta donde más se pudiera la penosa situación a que había sido sometido el rector para marginarlo de cualquier actividad laboral, política o social. El tiro les salió por la culata: hace apenas unos días la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá lo absolvió de manera categórica.

El Estado tendrá que resarcir los daños ocasionados a Carlos Caicedo Omar. Sus ignominiosos victimarios deberán ser escarmentados por la gran masa de ciudadanos decentes del Departamento del Magdalena. Bueno sería que la justicia tomara medidas de repetición contra los actuantes de detractores patibularios. Pero por sobre toda la desgracia que tuvo que soportar Carlos Caicedo Omar tiene una vida promisoria en el campo político.

El mismo que nunca abandonó, participando con sus ideas y compromisos. Debe pensar en serio el rector en participar en la avecinada gesta electoral aspirando a uno de los dos cargos más importantes del Departamento: la alcaldía de Santa Marta o la Gobernación del Magdalena. No me cabe la menor duda que los electores depositarán sus votos basados en una merecida confianza y reconocimiento a quien ha dado indiscutible muestra de una probada capacidad y honradez.

La sociedad magdalenense sabrá con seguridad acompañar al rector Caicedo Omar en la dura batalla por la restauración y preservación de la dignidad de todo un pueblo que sólo ha sido avizorado como repartimiento por parte de unas camarillas delincuenciales acostumbradas a declararse propietarios legítimos e inmemoriales tanto de nuestras tierras como de su gente. Llegó la hora de ejercer nuevamente un liderazgo, doctor Caicedo. Sólo me queda desearle buena mar.



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