Supersticiones y cientificidad (y 3)

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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

e-mail: carlospayaresgonzalez@hotmail.com



¿Por qué un cerebro que, a partir de la evolución, terminó diseñado para producir explicaciones naturales también produce explicaciones sobrenaturales? Aún aquellos que se niegan a aceptar creencias religiosas consideran la existencia de una "esencia" invisible que a fin de cuentas regula y determina todo lo existente. 

Son muchos los que siguen creyendo que el "mal de ojo" enferma y hasta desquicia. O que el destino no es otra cosa que un cobro de cuentas de lo que uno hace en la vida. O que un "trago malo" o "embrujado" termina matando de tuberculosis. 

A pesar de los notorios avances de las ciencias y las técnicas, el mundo sigue atiborrado de simplezas con un alto poder contagioso para intentar explicar lo que a diario ocurre. Buena parte de la gente se deja llevar de la corriente, como cuando se pega un hilo en la frente de un niño para que se le "espante" el hipo.

Esta manera de observar el mundo (sin alcanzar explicaciones lógicas) parece corresponderse con una manera de "razonamiento intuitivo" o "razonamiento visceral". Es un aprendizaje determinado por los centros emocionales del cerebro conocidos como sistema límbico o "cerebro reptil" como el resultado de una herencia evolutiva proveniente de la animalidad. En cambio, el conocimiento científico pretende ser un proceso estrictamente lógico.

La objetividad es un parámetro de la actitud que debe tener el científico ante su trabajo. Las afirmaciones científicas deben ser rigurosamente comprobadas por el escrutinio y verificación de los experimentos. Sin embargo, los científicos no son tan diferentes de la otra gente que anda por las calles como muchos piensan.

Incluso, provienen de esa misma gente. Al colocarse la bata blanca para pasar la puerta de un laboratorio, los científicos no abandonan los prejuicios, creencias, pasiones, ambiciones que animan a cualquier persona en otros campos de la actividad humana. Es por eso que muchos hombres y mujeres de ciencia son inconsecuentes con la misma ciencia una vez terminan sus actividades científicas, tornándose en hombres y mujeres comunes y corrientes.

Es por eso que a menudo la ciencia no es un proceso absolutamente objetivo. Los dogmas y los prejuicios (disfrazados de la manera adecuada) penetran en la ciencia tan fácil como en cualquier otra empresa humana, y quizá con mayor facilidad por cuanto su penetración no es esperada. Evidentemente, la historia muestra que una comunidad de científicos está a menudo dispuesta a tragarse entero un dogma que les sirva, siempre que sea agradable al paladar y haya sido sazonado con una proporción correcta de saborizante científico.

Me limitaré a decir que los científicos forman parte de la sociedad; son el resultado del tipo de sociedad en que se vive; que no son de ninguna manera seres distintos al resto de la población en cuanto a la honradez y que en su trabajo, igual que en el de las demás personas, influyen conflictos de intereses, prejuicios y ambiciones. La ciencia ha llegado a convertirse en una "carrera" en la que el objetivo social del científico es obtener prestigio y posibilidades de ascenso.

De todas maneras, a estas alturas de la historia de la humanidad, deberíamos haber salido de la mentalidad de hombres de las cavernas. En la sociedad postmoderna no deberíamos estar recurriendo a chamanes de ningún tipo para entender el comportamiento de las cosas. La ciencia y la tecnología existentes ofrecen suficientes herramientas para explicar, predecir y controlar en buena parte nuestras vidas sin recurrir a algún tipo de trance.

En ningún otro momento de la humanidad se ha avanzado de modo tan impresionante en lo referente a la explicación del mundo natural. En cuanto a la imagen deficiente que tiene aún la ciencia ante el público: ¿han sido los hombres y mujeres de ciencia malos "relacionistas públicos"? ¿O acaso han sido unos cobardes?



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