Superstición y cientificidad (2)

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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

e-mail: carlospayaresgonzalez@hotmail.com



¿Cómo podremos liberarnos de toda clase de creencias sobrenaturales? Muy difícil si en realidad a toda hora están ocurriendo cosas que parecen raras o misteriosas. ¿Por qué la gente cree en cosas que contradicen las leyes naturales o sociales? Sabemos que muchos les hablan a los muertos pero lo complicado está en que ellos logren hablarnos a nosotros. Y esto no puede ser el resultado de un estado de simple ignorancia. Ya hemos dicho que muchos hombres de ciencia, una vez terminan sus labores, son tan supersticiosos como cualquier tendero. Se quitan, sin ruborizarse, el sombrero de la ciencia para ponerse el de las más infantiles creencias. En los laboratorios o los escenarios académicos son unos sabios pero al abandonarlos se convierten en obcecados comunes y corrientes. Son de los que meten la cabeza como los avestruces.

Creemos lógicamente en las cosas que nos cuentan los adultos desde el momento mismo del nacimiento. Son ellos los que nos hablaron de toda clase de demonios y ángeles. Del "coco" y de "Papá Noel". También de brujas que volaban y caminaban sobre nuestros tejados o escarbaban debajo de nuestras camas. Por eso es una gran dificultad que hemos vivido todos los profesores (incluyendo los universitarios), tener que decirle a nuestros alumnos, ya bastante creciditos, que se dejen de tantas tonterías o fantasías que aprendieron en el preescolar. Lo grave es que llegan a la universidad pensando igual, porque, por desgracia, muchos profesores creen fervientemente en la existencia de "algo sobrenatural". Con esto he querido manifestar que la "herencia cultural" ejerce influencia importante en cuanto a lo sobrenatural. Nadie nace "tocando madera" para evitar una desgracia. ¿Acaso esta manera de pensar se explica sólo por la tradición y las costumbres?

Si la sociedad de manera cultural propaga todo tipo de creencias, parece necesario entonces que seamos mucho más responsables con lo que le decimos a nuestros hijos o a nuestros alumnos. Es la sociedad la que forma jóvenes ingenuos e ignorantes. Tal vez por eso podríamos afirmar que todas las religiones son, en mucho sentido, una forma de abuso infantil. En realidad la confianza depositada por los niños y jóvenes en sus padres y profesores no debería ser retribuida de manera irresponsable: adoctrinar con creencias supersticiosas.

Es posible pensar que cuando nuestro cerebro se enfrenta por su propia cuenta a fenómenos incomprensibles elabora, de cualquier manera, una serie de explicaciones proclives a lo sobrenatural. El hombre nunca se ha negado a darle sentido a las cosas que hacen parte de su entorno por insólitas o extrañan que le parezcan. Cualquier explicación o idea sobre cualquier hecho encaja perfectamente con la cantidad y tipo de conocimientos que tenga en su cerebro la gente. Por eso las ideas o explicaciones ofrecidas por las ciencias son difíciles de comprender por buena parte de las personas. No porque sean personas estúpidas sino porque no están acostumbradas a ellas. Las explicaciones sobrenaturales o supersticiosas son, en cambio, a todas luces, mucho más sencillas de entender. Es más fácil imaginarse la existencia de un fantasma que explicar una onda de luz compuesta por fotones. Aunque curiosamente los fantasmas nunca han existido.

El cerebro humano no cayó del cielo; se ha ido equipando a través de una lenta y compleja evolución de millones de años. Nuestra mente siempre ha estado activa intentando darle sentido al mundo. Cuando de explicar o comprender se trata, cada uno de los humanos es una especie de detective que intenta completar sus propias ideas de las cosas, así lo haga, por desfortuna, por medio de agregar mucho más misterio o superstición. Lo iluso en lo humano reafirma que la mente humana es cualquier cosa, menos cosa perezosa.



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