¿Por qué apostarle a la educación?

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Escrito por:

Ignacio Pareja Amador

Ignacio Pareja Amador

Columna: Reflector Mundial

e-mail: reflectormundial@yahoo.com.mx

Twitter: @Nacho_Amador 



La pregunta es básica y ha sido parte de la fórmula para el pronto desarrollo de varias naciones del mundo como Corea del Sur, Japón, Irlanda, etc.

La globalización nos permite abrirnos a un mundo de posibilidades, donde la medición y los parámetros nos apoyan para saber qué lugar jugamos en la arena internacional y qué tan avanzados o estancados estamos, en este caso en materia de educación.

Por ejemplo, de acuerdo con el boletín Desafíos elaborado por la CEPAL y la Unicef (2006), en América Latina existen rezagos en distintas áreas del conocimiento como las matemáticas o la correcta comprensión de la lectura.

Es así que un estudio realizado por el Programa Internacional para la Evaluación del Estudiante (PISA) reveló que el "80% de los niños en Perú, el 56% en Brasil, el 48% en Chile y el 44% en Argentina y México no realizan tareas elementales como hacer inferencias de baja dificultad", siendo que el promedio de los países de la OCDE es del 18%.

Esto sin duda alguna tiene una relación directa con los montos destinados para la educación y la calidad de la misma que se imparte a los alumnos, ya que mientras los países de Europa Occidental y Norteamérica invierten en promedio 5.89% de su PIB a gastos en educación, el promedio para Latinoamérica es de 3.88%, no sólo porcentualmente menor, sino que si calculamos el monto neto dadas las diferencias del tamaño de las economías veremos que la brecha aumenta.

Es mucho mejor tener una educación de calidad que una de cantidad, el problema en este sentido para nuestra región se centra en el número de alumnos en comparación con las plantillas de los maestros, lo cual responde a las grandes dimensiones de nuestra población juvenil. De esta forma nos damos cuenta que en promedio en América Latina por cada profesor de primaria hay 25 alumnos, aunque algunos países como Nicaragua (35), Honduras (34) o Chile (34) sobrepasan la estadística, mientras que los países de Europa Occidental y Norteamérica promedian tan sólo 14 alumnos por profesor.

Muchos afirman que el problema de la educación está en quienes la imparten y en quienes destinan recursos para la misma. En este sentido sobresale el trabajo de las instituciones gubernamentales, de los sindicatos y de las escuelas y colegios; si alguno de estos actores desvirtúa sus funciones puede poner en una situación de estancamiento y subdesarrollo permanente a cualquier país.

Penosamente en algunos lugares de nuestra región el sindicalismo en la educación se percibe como un mecanismo de control; como un grupo de presión política, en vez de ser un ente defensor de los derechos de los profesores y de ser el vínculo entre gobiernos y los pedagogos para conminar mejores condiciones educativas.

Mientras tanto quienes sufren los estragos de situaciones como la anterior son los que deberían favorecerse, los nuevos latinoamericanos que reciben una educación precaria, que estudian contenidos anticuados. Si reconocemos que la pobreza no sólo es una condición económica, sino es una forma de vivir de fácil reproducción intergeneracional, deberíamos apostarle a la educación como un elemento integrador tanto para el estudiante como para sus padres, que seguramente beneficiará a nuestras sociedades en este camino poco equilibrado hacia un desarrollo económico estandarizado.

La educación y los apoyos económicos a la misma no son suficientes para generar el cambio que nuestras naciones necesitan, el hecho de aportar grandes recursos económicos no es sinónimo de una mejora cualitativa en los niveles educativos. La clave está en brindar educación de calidad, actualizada y de vanguardia. Hoy en día los niños reciben mayores cantidades de información como consecuencia de la amplitud de contenidos que se ofrecen desde los distintos medios como el internet, la tv, la radio, etc. Por ello es necesario mantener una guía permanente para que puedan enfocarse en los temas que les serán de utilidad, más allá de aquellos que derivan en ocio y entretenimiento.

Además está el elemento de la competencia internacional, donde la especialización y la creación de métodos, mecanismos y guías educativas amplía cada vez más la brecha entre quienes heredarán una riqueza ya creada y quienes tendrán que trabajar para hacerse de una, donde las posibilidades seguramente serán mínimas y las condiciones serán cada vez más adversas en contra de quienes menos tienen. Esa sí puede ser una apuesta perdida, pero si hoy sumamos esfuerzos en pro de una educación de calidad para todos, quizá podremos aumentar las probabilidades de ganarla.



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