Fariseos colombianos

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Eran los fariseos una secta de ilustrados, poderosos y respetados personajes, distantes del pueblo por considerarlo ignorante e impuro. Legalistas en exceso, se preocupaban por cumplir y hacer cumplir la ley judía; referenciados espiritualmente en el Levítico, la pureza ritual y nomológica era su obsesión. Aparentemente bienintencionados, el Nuevo Testamento –especialmente el evangelista Marcos- los muestra extremadamente hipócritas. Aparentaban rigor y austeridad, pero eludían los preceptos y el espíritu de la ley mientras señalaban con dedo acusador. Desde entonces, la palabra fariseo se asocia con hipocresía.


En nuestra Colombia del Sagrado Corazón, el fariseísmo se manifiesta palmario y desafiante. Hace poco, los desmovilizados de las Farc lanzarían su partido político en la biblioteca del Congreso. Hubo histriónicas rasgadas de vestiduras por parte de quienes aplaudieron en el Salón Oval de ese mismo recinto a tres jefes paramilitares haciendo apología política de su criminal accionar, invitados por Zulema Jattin -condenada por parapolítica- y autorizados por el entonces presidente Uribe. El actual presidente del Senado, Mauricio Lizcano, niega el permiso para los exguerrilleros y aparece al día siguiente con personajes ligados a la parapolítica. Parecería que, para algunos, en Colombia hay violentos buenos y malos, según el lado del que se mire.

Farisaico también es el referendo que se impulsa contra la adopción de niños por parte de familias distintas de papá y mamá. Solteros, separados, viudos o parejas del mismo género no podrían adoptar. ¿Acaso muchos niños no son criados por madres solteras, separadas o viudas? ¿Acaso los homosexuales no proceden de parejas heterosexuales? ¿Prefieren esos convocantes ver niños abandonados o recluidos en el Bienestar Familiar solo porque una adopción confronta su catálogo de prejuicios? El eventual atropello a las minorías y niños se compagina con las recientes contradicciones de la senadora Viviane Morales al respecto. La CPC del 91 y el sentido común sufrirían nuevos y contundentes golpes.

¿Y qué decir de un partido político, el mal bautizado Centro Democrático, con centenares de procesados o condenados por delitos de toda especie que ahora, en postura de liderazgo moral, presenta un proyecto de Estatuto Anticorrupción? ¿Qué tal el pulso en Bogotá por el revocatorio? Los defensores de Peñalosa que hoy piden desmontar el actual referendo fueron quienes propiciaron el que revocó a Petro, y apelan a las mismas estratagemas del exalcalde, injustamente destituido por Alejandro Ordoñez, después depuesto por corrupto. Los izquierdistas critican a Peñalosa por sacar el Esmad para todo, pero defienden la violencia de Maduro en Venezuela. Tremendos sainetes.

De posturas farisaicas se nutre la prensa amarillista, vendiendo “noticias y editoriales”, “ciudadanos preocupados”, como se autodenominan, ávidos de posverdades. Si por la derecha llueve, por la izquierda no escampa. Ambas extremas confrontadas apelan a similares posverdades, a las mismas estrategias sucias, al mismo Goebbels. A izquierdistas radicales y a exguerrilleros se les debe cuestionar por sus idearios, apoyo o comisión de crímenes atroces o por su gestión cuando han gobernado, no por los gustos “burgueses” que en el pasado detestaban: eso es superfluo en un debate serio. A sus enemigos paramilitares se debe confrontar por exactamente lo mismo, no por las desenfrenadas farras y orgías en Ralito. Hay que debatir con argumentos, no con emociones o prejuicios farisaicos, pero sobre todo, hay que construir sociedad.

En estos debates hipócritas se acude al detalle vacuo para eludir el debate profundo. Al adoctrinamiento y la propaganda política intensa sigue la construcción de un código de dudosos valores que refunden los fundamentos filosóficos cardinales con los cuales se cimienta debidamente una nación. Confeccionan después prejuicios que serán referentes inviolables, soslayo de principios constitucionales. Se fabrica opinión a partir de mentiras emotivas, las tales posverdades, que envalentonan a ese público objetivo cuando encuentra desfogues emocionales, gentes provocadas por líderes irresponsables generadores de polarización y violencia.

Nuevamente, la educación es el antídoto que contrarresta tanta ignominia. La ética debe estar por encima de la opinión prefabricada, y el análisis objetivo por encima de consignas y letanías pavlovianas. ¡Cuánto daría Sócrates por aplicar la mayéutica en estos tiempos perversos, o Descartes por debatir con argumentos racionales tantas obsesiones prefabricadas! Cuánto daríamos algunos para que la filosofía fuese la piedra angular de nuestra educación. Nos ahorraríamos muchos fariseos aviesos y mucha violencia autodestructiva. Colombia merece líderes serios y un futuro distinto a la infamia que nos asuela.

Más Noticias de esta sección

Publicidad