Chile: a un año del desastre

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Escrito por:

Ignacio Pareja Amador

Ignacio Pareja Amador

Columna: Reflector Mundial

e-mail: reflectormundial@yahoo.com.mx

Twitter: @Nacho_Amador 



El 27 de febrero se cumplió un año de aquel evento que complicó gravemente la estabilidad social y económica de una de las joyas de la región latinoamericana.

Chile sufrió una de las peores catástrofes en su historia, ya que vastas regiones del país quedaron bajo los escombros provocados por un terremoto de 8.8 grados en escala de Richter (fuentes no oficiales nos afirmaron en su momento que fue mayor) y de un tsunami que azotó sin aviso en plena madrugada cientos de hogares extendidos por la costa, el cual junto con la calamidad, desmoralizó a una nación que no había visto un fenómeno telúrico de esta naturaleza en más de treinta años.

Este Reflector Mundial fue testigo de los desastres causados, pues tuvimos la posibilidad de viajar a Santiago poco después del percance, en un ejercicio donde buscamos enlazar las razones estadísticas con las vivenciales para tener un escenario más claro de lo que estaba viviendo el país sudamericano.

De esa manera nos dimos cuenta que muchos chilenos consideran que su nación es como una isla; un país aislado del resto de Sudamérica por los majestuosos Andes, por ello algunas personas tienen la necesidad de salir a conocer el mundo para relacionarse con el exterior, lo cual es sumamente dificultoso y lejano por tierra.

Desde tiempos de la dictadura se estableció una interesante estrategia de diversificación comercial que los ha llevado a ampliar sus mercados en los cinco continentes, una destreza que, por un lado les resta dependencia del gran mercado del norte, mientras que por otro, les abre nuevas posibilidades en la zona del Pacífico Asiático, donde China lidera en crecimiento, y que poco a poco está trasladando la riqueza del mundo a su suelo.

También nos dimos cuenta que la legislación chilena ha sido vanguardista desde hace más de tres décadas en la aplicación de políticas públicas que llegaron más tarde, incluso apenas hace algunos años, a los demás países latinoamericanos.

Son pioneros en legislación laboral, donde tienen un sistema de pensiones que, por ejemplo en México comenzó a aplicarse en 1997, también lo son en leyes de competencia que comenzaron a instaurar desde mediados de los setenta, una política que vino acompañada más adelante por la creación de incubadoras empresariales como la Fundación Chile, y por instituciones públicas de fomento a la exportación de la producción nacional como ProChile, que le han ayudado a mantener un modelo de desarrollo específico desde hace casi cuatro décadas.

Sin embargo, los chilenos saben que aún el gobierno tiene pendientes, incluso hay quienes dudan de que este modelo dará los resultados buscados, eso sin contar la distribución de la riqueza que desde la óptica neoliberal viene como consecuencia del crecimiento económico, en el llamado efecto cascada, el cual aún no es sustancialmente equitativo para las clases medias y bajas, quienes resienten las deficiencias en servicios que deben ser de calidad para cualquier país que aspire seriamente al desarrollo, como en el sector salud, educación y transportes.

Todavía Chile requiere dar ese salto de una producción basada en la agroindustria a una economía que genere mayor valor tecnológico, el cual requiere de I+D (investigación y desarrollo), altos flujos de inversión, personal capacitado para la innovación y un mercado amplio para la inserción de sus productos.

En donde si ha habido avances importantes es en la recuperación.

Afortunadamente Chile y sus habitantes, con ese espíritu de renovación y competencia que los caracterizan pudieron salir del apuro. El crecimiento de la economía durante el año del desastre fue de 5%, más alto incluso que el promedio del quinquenio anterior (2005-2009) que fue de 3.38%.

Su población de aproximadamente 17 millones de habitantes goza de ingreso per cápita de 15,500 dólares, el más alto de América Latina.

El país sudamericano cuenta con una alta tasa de competitividad y transparencia que genera una buena percepción en sus habitantes, siendo considerada como la economía más competitiva de la región.

A un año del desastre, las cosas poco a poco se han normalizado, pese a los temas pendientes de reconstrucción, podemos decir que su modelo económico de orden transgubernamental les ha funcionado. No podríamos tener una lección más clara y cercana de por qué es mejor aplicar un modelo económico a largo plazo, en vez de improvisar con base en el color, la tendencia y los intereses de quien ostente el poder.



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