Perspectivas de la transición

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Escrito por:

Ignacio Pareja Amador

Ignacio Pareja Amador

Columna: Reflector Mundial

e-mail: reflectormundial@yahoo.com.mx

Twitter: @Nacho_Amador 



El tema de las manifestaciones en Egipto y la posible transición política que se exige en el país árabe se mantiene en boga, sin embargo los posibles escenarios para dicha transición cada vez se hacen más complejos ante los ojos del mundo, que gracias a las tecnologías de la información han logrado enterarse de los pormenores de este acontecimiento "histórico para la sociedad árabe".

Los cuestionamientos de especialistas en el tópico, que han rebasado el estudio superficial y descriptivo, se orientan a expresarse en tres perspectivas principalmente: 1. cómo lograr una transición pacífica si los protestantes no responden a una ideología homogénea, sino a un objetivo en común (derrocar al régimen actual), 2. Qué tanta injerencia debe tener la comunidad mundial para actuar en pro de los intereses de las mayorías, cuidando que no se violen los derechos humanos, la pluralidad política y que prevalezca el estado de derecho, y 3. qué tantos espacios quedarán abiertos para una posible filtración de grupos radicales y fundamentalistas en el nuevo gobierno de transición o en administraciones posteriores.

En el primer punto, sabemos que las manifestaciones fueron consecuencia de un terremoto político que comenzó en Túnez y que ha ido expandiéndose por el mundo árabe. En este sentido advertimos que una expresión del pueblo por vías extra oficiales puede perjudicar a aquellos que se encuentran inmersos en la neutralidad y que muchas veces adsorben el costo económico de los actos, como aquellos que laboran en el sector del comercio y del turismo, la principal fuente de ingresos del país.

Como parte del segundo punto podemos decir que la historia ha demostrado en más de una ocasión que el sometimiento de un pueblo hacia otro -donde es tan peligrosa una posición geoestratégica como la posesión de recursos naturales- trae consigo la formación de sistemas políticos ajenos a la realidad de los países. En este tenor Zidane Zeraoui, especialista en el mundo árabe, rescata una cita del filosofo francés Alexis de Tocqueville donde arguye que por causas de la ocupación europea de mediados del siglo XIX "[…] la sociedad musulmana se ha vuelto más miserable, más desordenada, más ignorante y más bárbara de lo que era antes de conocernos."

Egipto ha sufrido en repetidas ocasiones de invasiones, imposiciones e influencia extranjera, desde persas, macedonios, romanos, árabes y turcos hasta franceses, ingleses, soviéticos y norteamericanos, quienes no dejan que aquella nación de antiguos faraones y pirámides logre adoptar un Modelo político y económico acorde a los intereses y necesidades de su población.

Entrando en el tercer punto, el más polémico y controversial podemos preguntarnos: ¿quiénes se beneficiarán de la caída de este régimen autoritario?

Muchos temen que ciertos grupos fundamentalistas islámicos puedan aprovecharse de esta situación para colarse en un gobierno que era "cooperativo" con Occidente, por eso es tan importante el papel de Mohamed Elbaradei, quien no sólo es una significativa figura mediática para el pueblo egipcio, sino que representa una opción viable y amigable con Occidente, sobre todo con EE.UU., al haber atendido y justificado distintas disposiciones para sancionar a Irán en el seno del Consejo de Seguridad a petición del organismo que presidió: la AIEA.

Hay que dejar en claro que la principal causa de las manifestaciones es la democratización del Sistema Político, con una repercusión inmediata en la salida de Mubarak, ya que contrariamente a la especulación de que la situación económica fue una de las principales razones para el levantamiento ciudadano, la economía del país creció en promedio 6.2% en el último quinquenio de acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional, además de alcanzar un 4.7% durante la crisis económica mundial de 2009.

Una posible lección que nos deja este tema es la revelación de un nuevo paradigma de sometimiento de la voluntad popular hacia los gobernantes, cuando no se alivian de manera correcta las tensiones sociales. La solución de esta crisis política está en devolver el poder de elección al pueblo egipcio, para lo cual será necesario escuchar a los manifestantes y proponer una solución aceptable, donde pueda haber una transición ipso facto que sea comandada, no por una coalición encabezada por EE.UU., Reino Unido y Alemania, sino por el apoyo de estos y de la comunidad internacional hacia aquellos líderes locales (incluso militares) que tengan el carisma y la popularidad para convencer a un pueblo que trata de arrebatarle el poder a una cúpula faraónica, pero que por sí sólo no podrá restaurar el orden.



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