Cuando Cuba se abra al mundo

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Escrito por:

Ignacio Pareja Amador

Ignacio Pareja Amador

Columna: Reflector Mundial

e-mail: reflectormundial@yahoo.com.mx

Twitter: @Nacho_Amador 



Arrancaba la década de los sesenta y en América Latina había una promesa para el sueño socialista. Desde 1959 de la mano de Fidel Castro, Cuba había sido liberada de una élite abarcadora que, nada distinta a las que existían en la región, se encargó de aumentar la brecha entre ricos y pobres, polarizando a los habitantes de la isla.

Comenzó entonces un sueño comandado por algunos idealistas revolucionarios como Camilo Cienfuegos, Ernesto Guevara y los hermanos Castro, que veían aquella isla como el inicio de un proyecto majestuoso que podría cambiar nada menos que la forma de organización socioeconómica de toda América Latina.

Para desgracia de estos hombres, Cuba quedó en medio de la disputa más controversial de mediados del siglo pasado: la Guerra Fría, un combate que no fue una guerra directa y que por supuesto no tuvo nada de frialdad a la hora de enfrentar a ciudadanos de una misma nación, en una lucha permanente por imponer la ideología (fuese socialista o capitalista).

Cuba, que coincidía en mayor medida con la extinta URSS, se apoyó tanto económicamente de aquel país, que cuando en 1991 se disolvió, la isla entró en una crisis económica de la cual no ha podido salir hasta ahora, pese al apoyo que hoy en día tiene de la UE, China y Venezuela.

Como todos los ciclos, aquel movimiento del 26 de julio, aquella revolución del pueblo quedó estancada. Los Estados Unidos impusieron un bloqueo a Cuba desde 1960 como consecuencia de las expropiaciones a los bienes norteamericanos por parte del gobierno revolucionario, el cual reforzaron dos años más tarde para ahogar a la isla.

Lograron expulsarlo de la OEA por su tendencia comunista, castigo que no afectó en mayor medida a los ideólogos de este sistema, sino que quebrantó las esperanzas de un pueblo; mató sus anhelos e incluso provocó diversas revueltas para cambiar a su autoridad; un gobierno que llegó con la promesa de derogar las dictaduras, pero que se perpetuó en el poder bajo el argumento de que sin su máxima figura, Fidel Castro, cualquier gobierno carecería de liderazgo.

Hace apenas cuatro años que Fidel dejó de gobernar de facto, lo sustituyó su hermano, Raúl Castro, quien ha flexibilizado de manera mínima su postura y es percibido en el ambiente de la diplomacia y las relaciones internacionales como el punto de transición entre lo que es la Cuba socialista y lo que será una Cuba abierta al mundo.

¿Por qué es importante una Cuba abierta y moderna? Muchos conocemos las capacidades y talentos de los cubanos, son gente que no pierde el tiempo fuera de su nación, que lucha en su trabajo por ser el mejor, que sale de su patria amándola y odiando su partida, pero que no ha visto otra opción para desenvolverse íntegramente más que abandonar aquel sistema "del gobierno" que no le permite crecer. Son gente que vive con necesidad, lo cual los ha motivado a hermanarse en distintos lugares del mundo como España, Venezuela y el más importante la ciudad de Miami en EE.UU., un lugar que sin duda goza de progreso, donde los cubanos disidentes han podido desarrollarse en la libertad que les brinda -la asociación- y el libre mercado.

De ahí que muchos pensemos, que después de que Cuba se abra al mundo es muy probable que sea capaz de alcanzar el desarrollo, ya que no sólo cuentan con excelente capital humano dentro de la isla, sino que la diáspora alrededor del mundo tiene la capacidad económica y el amor por el país que puede derivar en mejoras sustantivas.

Aplaudimos las "actualizaciones del modelo socialista cubano", como les dice el vicepresidente Esteban Lazo a las enmiendas en el modelo económico de la isla, pues reconocemos que el Estado no puede intervenir completamente en el mercado, que cuando un Estado engloba una planta laboral se convierte en un gigante burocrático con pies de plomo, donde la división de tareas y la supervisión tienden a ser labores banales e improductivas.

Esta medida representa un pequeño paso hacia la transición, hace notar que el gobierno cubano comienza a entender que de seguir aislado terminará por desmoralizar a una población de once millones y medio de habitantes, que ven positivos ciertos elementos del modelo socialista, como la exitosa política de alfabetización, la cooperación internacional en materia de medicina, pero sin lugar a dudas pueden verse beneficiados de la descentralización económica y política de la isla, como una medida necesaria para brindar más y mejores oportunidades de desarrollo a los cubanos que están deseos de ejercer el derecho universal del voto para vivir en democracia y disfrutar de aquellas recompensas que sólo puede brindar la libertad.



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