Yolanda Santodomingo ha aprendido a perdonar, pero no olvidar

Yolanda Santodomingo Albericci, samaria testimonio vivo del holocausto del Palacio de Justicia 30 años después.

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Los años de imborrables y dolorosos recuerdos hicieron medir cada palabra que emite a la hora de referirse al día en que, como una joven promesa en el Derecho, recibiría su primera oportunidad laboral.

 

Yolanda Santodomingo Albericci, samaria testimonio vivo del holocausto del Palacio de Justicia 30 años después.
Yolanda Santodomingo Albericci, samaria testimonio vivo del holocausto del Palacio de Justicia 30 años después.

A las 3:00 de la tarde del 6 de noviembre de 1985 la esperaban con la hoja de vida para trabajar en el Tribunal contencioso administrativo como sustanciadora, pero desde las 11:00 am, estaba presente para  presentar un examen de práctica penal.

"Era una muy buena estudiante, apasionada con mi carrera, amiguera, tranquila y ajena a los problemas del país", relata Yolanda quien cursaba por aquel entonces cuarto año de derecho en la Universidad Externado.

Soñaba con ser Magistrada, llegar a una alta corte. Su proyecto de vida giraba en torno a ese fin.

Pero cuando un comando conformado por más de 30 guerrilleros del M19 irrumpieron antes del mediodía en el Palacio de Justicia, en pleno corazón de los poderes del Estado colombiano, su vida, sus sueños y metas se desvanecieron en instantes.

Narrar esas escenas dentro de los salones del Palacio y fuera de el, cuando ella y su compañero de clases, Eduardo Matson, fueron trasladados por militares para ser interrogados, torturados, sufriendo el peor de los vejámenes, la dejaba sin palabras y con la mirada perdida en esa pesadilla que cada año le toca recordar.

"Tenía 20 años. Luego de lo que me ocurrió no paraba de llorar, me volví muy nerviosa, aislada, deprimida; dormía en el piso, salía acompañada", cuenta Yolanda Santodomingo, hoy aferrada a su fe cristiana y al mejor remedio para curar el dolor que la ha carcomido por tres décadas: el perdón.

Terminó, ya no con el mismo ímpetu su carrera en Bogotá. "Mientras todos trabajaban para crecer profesionalmente, yo tenía que retornar a Santa Marta para reconstruir mi vida".

"Eso no tiene nombre".

Para ella, una joven metida de llena en sus estudios, que en cuestión de horas fue sometida a los peores actos de barbarie en medio de un fuego cruzado, nunca nadie podrá reparar el daño que le causaron.

Tuvieron que pasar 26 años para el más amargo episodio que vivió la justicia colombiana volviera a la luz, gracias a la exfiscal Ángela María Buitrago, quien desenterró el proceso y puso a altos oficiales en los estrados judiciales, incluyendo el excoronel Alfonso Plazas Vegas, quien comandó el operativo de retoma del Palacio.

"Lo que sí sería bueno es encontrar la verdad",  algo que dice que hasta ahora no la hay y no la ha habido.

Perdón pero no olvido

Aunque como dice que ni "con todo el oro del mundo" se le reparará el daño que le hicieron, trabaja en la búsqueda del perdón, para ella tener paz con Dios, consigo misma.

Su perdón es hacia lo que ella vivió. "El perdón limpia el dolor. Yo trabajo y quiero apostarle al perdón", comenta tranquilamente durante la entrevista realizada.

Pero quizás, una de las cosas que más le pudo afectar fue lo que llamó un profundo dolor de patria.

"Yo quiero sentir amor de patria nuevamente", afirma con firmeza y con un poco de resentimiento hacia lo que ella fervientemente creía y la decepcionó.

Hoy desde su trabajo en la administración pública, predica y aplica esos principios por los cuales se comprometió desde su alma máter, con estricto rigor, como demostrando que aún en el país hay gente que mantiene principios inmaculados y de firmes convicciones.

Cuando se le preguntó acerca de la reciente declaración del expresidente Belisario Betancourt cuando dijo: "Si errores cometí, pido perdón a mis compatriotas", Yolanda Santodomingo Albericci respondió: "¿A ti qué te pareció? ¿Lo consideras justo?".

El asaltó del M-19, que comenzó el 6 de noviembre, terminó al día siguiente con una “desproporcionada operación” militar, según determinó la Comisión de la Verdad que investigó los hechos años después. Tres décadas después, uno de los acontecimientos más dramáticos de la historia del conflicto armado que vive este país, muchas familias siguen buscando a sus desaparecidos y reclamando justicia.
El asaltó del M-19, que comenzó el 6 de noviembre, terminó al día siguiente con una “desproporcionada operación” militar, según determinó la Comisión de la Verdad que investigó los hechos años después. Tres décadas después, uno de los acontecimientos más dramáticos de la historia del conflicto armado que vive este país, muchas familias siguen buscando a sus desaparecidos y reclamando justicia.

 Detención y tortura

En un texto de 212 páginas, la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el 2014 condenó al Estado colombiano por el holocausto del Palacio de Justicia, ocurrido entre los días 6 y 7 de noviembre de 1985, que dejó más de 100 muertos y un número no determinado de desaparecidos.

En el expediente se comprobó que la Fuerza Pública torturó a cuatro personas y que hay pruebas contundentes para corroborar que estos hechos se registraron en diferentes unidades militares de Bogotá y las víctimas fueron entre otras: Yolanda Santodomingo y Eduardo Matson.

"Yolanda Santodomingo Albericci y Eduardo Matson Ospino tenían 22 y 21 años en 1985 y eran estudiantes de Derecho de la Universidad del Externado. El 6 de noviembre de 1985 ambos acudieron al Palacio de Justicia para que la señora Santodomingo Albericci realizara un examen de práctica penal con un profesor que era magistrado y para que el señor Matson Ospino investigara para una tarea. Ambos señalaron que entraron al Palacio de Justicia alrededor de las 11:00 de la mañana y se dirigían a la cafetería cuando comenzó la toma del Palacio de Justicia por el M-19", relata la sentencia.

Agrega, que "Yolanda Santodomingo Albericci y Eduardo Matson Ospino sobrevivieron a los hechos de la toma y la retoma del Palacio de Justicia y salieron el 6 de noviembre de 1985 custodiados por agentes de la Fuerza Pública.

Las autoridades estatales presumieron que habían participado en la toma del Palacio de Justicia", por lo cual luego de ser evacuados fueron conducidos al segundo piso de la Casa del Florero, "donde fueron sometidos a largos interrogatorios durante los cuales fueron golpeados y vejados".

Y sigue: "luego de la Casa del Florero, los trasladaron a las instalaciones de la Dirección de Policía Judicial e Investigación (Dijin), donde fueron sometidos a una prueba de parafina sobre las manos conocida como del 'guantelete', para verificar si habían disparado un arma, con lo que ambos describen era "la parafina más caliente del mundo".

Por último, fueron trasladados al Batallón Charry Solano, donde los bajaron vendados y esposados, los separaron y nuevamente fueron objeto de agresiones físicas y psicológicas mientras los interrogaban para que colaboraran".

Por: Mario Ibarra Monroy
Redacción ELINFORNADOR

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