A cuatro décadas de la segunda visita de un pontífice al país, el legado de San Juan Pablo II sigue vigente por sus llamados a la paz, la justicia social y la reconciliación en uno de los momentos más difíciles de la historia nacional.
Colombia vivía una de las décadas más complejas de su historia reciente cuando, el 1 de julio de 1986, el papa Juan Pablo II descendió del avión que lo trajo a Bogotá. La violencia generada por los grupos armados, el auge del narcotráfico, las profundas desigualdades sociales y el dolor aún latente por la tragedia de Armero hacían del país un territorio herido. En ese escenario, el segundo pontífice que visitó suelo colombiano emprendió una peregrinación de siete días que dejó un mensaje de esperanza que, cuatro décadas después, continúa vigente.
Entre el 1 y el 7 de julio de 1986, el Santo Padre recorrió once poblaciones colombianas en una intensa agenda pastoral que incluyó encuentros con campesinos, indígenas, trabajadores, empresarios, jóvenes, sacerdotes, religiosos, enfermos y miles de fieles que acudieron a las multitudinarias eucaristías celebradas durante su recorrido.

Su visita no estuvo centrada únicamente en ceremonias religiosas. Cada intervención estuvo marcada por llamados directos a detener la violencia, respetar la dignidad humana y construir una sociedad basada en la justicia y la solidaridad. Los discursos pronunciados durante esos siete días abordaron problemas que aún hoy hacen parte de la realidad colombiana: la pobreza, el desplazamiento, la exclusión social, la violencia política, la desigualdad y la defensa de los derechos humanos.
Los archivos de EL INFORMADOR dan cuenta de la relevancia de aquellos mensajes. Durante esa semana, el diario dedicó amplios espacios al cubrimiento de la visita, destacando titulares como "El Papa hace dura condena", "Juan Pablo censura explotación", "El Papa no permite que interrumpan denuncias de un líder indígena" y "Que callen las armas", reflejando la firme postura del pontífice frente a las problemáticas que atravesaba el país.
Un mensaje para todos los sectores
Desde el inicio de su recorrido, Juan Pablo II dejó claro que su viaje no respondía únicamente a una agenda eclesial. En cada ciudad insistió en que la Iglesia debía acompañar a quienes sufrían las consecuencias de la violencia, la pobreza y la injusticia.

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Durante sus encuentros con trabajadores denunció la explotación laboral y pidió condiciones dignas para quienes sostenían con su esfuerzo la economía nacional. Ante empresarios y dirigentes recordó que el desarrollo debía estar acompañado por la justicia social y la solidaridad con los más vulnerables.
Con los campesinos defendió el derecho a la tierra, al trabajo digno y al reconocimiento de su papel en la construcción del país. En Chiquinquirá dirigió un emotivo mensaje a los hombres y mujeres del campo, reconociendo el esfuerzo de quienes alimentaban a Colombia y exhortando a las autoridades a garantizar condiciones que les permitieran vivir con dignidad.
Su encuentro con comunidades indígenas también quedó registrado como uno de los momentos más significativos de la visita. En Tumaco, representantes de diferentes pueblos originarios aprovecharon la presencia del Papa para denunciar las dificultades que enfrentaban sus comunidades. Cuando algunas personas intentaron interrumpir la intervención de uno de los líderes indígenas, Juan Pablo II pidió que se le permitiera continuar, enviando un mensaje claro sobre el respeto a la dignidad y el derecho de los pueblos a ser escuchados.
"Que callen las armas"
Quizá ninguna frase sintetizó mejor el sentido de la visita que la pronunciada durante la jornada final en Barranquilla.
"Que callen las armas" fue el llamado que lanzó al país en medio de un contexto marcado por enfrentamientos armados, asesinatos, secuestros y el crecimiento de la violencia.

No fue una expresión aislada. A lo largo de su recorrido insistió en que ninguna causa podía justificar la violencia y recordó que la paz solo sería posible mediante el diálogo, el respeto por la vida y la búsqueda de la justicia.
También condenó el terrorismo, los secuestros, la tortura, la corrupción y toda forma de abuso contra la dignidad humana, exhortando a los colombianos a trabajar unidos por la reconciliación.
Aquellos mensajes fueron ampliamente destacados por la prensa nacional y regional. EL INFORMADOR los convirtió en eje central de su cubrimiento, resaltando la contundencia con la que el pontífice abordó los problemas que afectaban a Colombia.
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Armero, la imagen que quedó para siempre
Si hubo un momento que conmovió al país entero fue la visita del Papa a Armero el 6 de julio de 1986.
Ocho meses antes, el Nevado del Ruiz había provocado una de las peores tragedias naturales de América Latina. Más de 25.000 personas perdieron la vida cuando la avalancha de lodo sepultó gran parte del municipio tolimense.
Entre las ruinas de la antigua población, Juan Pablo II caminó en silencio, oró por las víctimas y compartió con sobrevivientes que aún buscaban consuelo en medio del dolor.
En ese mismo lugar bendijo la gran cruz levantada en memoria de los fallecidos y declaró oficialmente a Armero como Campo Santo, convirtiéndolo en un espacio de recogimiento para quienes perdieron allí a sus seres queridos.

La imagen del pontífice rezando entre los escombros dio la vuelta al mundo y se convirtió en uno de los símbolos más recordados de su visita a Colombia. A cuarenta años de ese gesto, Armero sigue siendo un lugar de peregrinación y memoria histórica.
Una Iglesia cercana a la realidad social
Durante su recorrido, Juan Pablo II también insistió en que la Iglesia debía estar presente en los problemas cotidianos de la sociedad.
Invitó a los sacerdotes y religiosos a trabajar junto a las comunidades más necesitadas, pidió fortalecer la defensa de la familia y exhortó a los jóvenes a convertirse en protagonistas de la transformación social.
Sus homilías combinaron el mensaje espiritual con reflexiones sobre la realidad política, económica y social del país, razón por la cual sus intervenciones trascendieron el ámbito religioso y tuvieron un amplio impacto nacional.
En varias ciudades habló de la necesidad de construir una paz sustentada en la justicia, rechazó toda forma de exclusión y recordó que el progreso económico carecía de sentido si no beneficiaba también a los sectores más vulnerables.
El legado permanece
Cuarenta años después, la visita de Juan Pablo II continúa siendo una de las más recordadas en la historia contemporánea de Colombia.
No solo por la magnitud de las concentraciones que reunió en las diferentes ciudades, sino porque sus palabras siguen conservando actualidad frente a desafíos que el país aún enfrenta.
La paz, la reconciliación, la justicia social, la defensa de la dignidad humana y el respeto por la vida fueron los pilares del mensaje que dejó durante aquellos siete días de julio de 1986.
Las páginas que EL INFORMADOR publicó entonces constituyen hoy un valioso testimonio periodístico de aquella visita histórica. Sus titulares y fotografías registraron el paso de un pontífice que recorrió un país golpeado por el dolor, pero convencido de que la esperanza podía abrir camino incluso en los momentos más difíciles.
Cuatro décadas después, el recuerdo de Juan Pablo II permanece vivo en la memoria colectiva de Colombia como el pastor que caminó entre las heridas de una nación para invitarla a creer, una vez más, en la fuerza de la paz, el diálogo y la reconciliación.
Los tres papas que han visitado Colombia
Pablo VI (1968)
Fue el primer pontífice en visitar Colombia y también el primero en viajar a América Latina. Llegó para inaugurar la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín y participar en el Congreso Eucarístico Internacional de Bogotá.
Juan Pablo II (1986)
Visitó Colombia entre el 1 y el 7 de julio de 1986. Recorrió once poblaciones, celebró numerosas eucaristías y dejó un mensaje centrado en la paz, la reconciliación, la justicia social y la defensa de la dignidad humana.
Francisco (2017)
Permaneció en Colombia del 6 al 10 de septiembre de 2017. Visitó Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena bajo el lema "Demos el primer paso", respaldando el proceso de reconciliación nacional.
Armero: el momento que conmovió al mundo
Uno de los episodios más recordados de la visita ocurrió el 6 de julio de 1986, cuando Juan Pablo II llegó a Armero, destruida ocho meses antes por la erupción del Nevado del Ruiz.
El pontífice caminó entre las ruinas, oró junto a los sobrevivientes y bendijo una gran cruz levantada en memoria de las víctimas.
Ese mismo día declaró oficialmente a Armero Campo Santo, consagrando el lugar como espacio de oración y memoria para las más de 25.000 personas fallecidas.
¿SABÍA QUE?
- Juan Pablo II recorrió cerca de 11 ciudades y poblaciones en siete días.
- Fue el segundo Papa en visitar Colombia.
- Declaró Campo Santo a Armero.
- Se reunió con indígenas, campesinos, jóvenes, empresarios, enfermos y religiosos.
- Su visita reunió a millones de personas en todo el país.A
