La misión Artemis II, a bordo de la nave Orión, permitió por primera vez la observación humana de la Mare Orientale, aportando nuevos datos clave sobre la formación de cráteres y la evolución geológica de la Luna, en un avance fundamental para futuras misiones espaciales.
La misión Artemis II ha marcado un nuevo hito en la exploración espacial tras realizar un estudio directo de la cuenca Oriental de la Luna, una de las estructuras más impresionantes y enigmáticas del satélite natural terrestre. Este avance científico permitirá comprender mejor los procesos de formación de cráteres en la Luna y otros cuerpos del sistema solar.
Durante una órbita de siete horas, la nave Orión llevó a su tripulación a observar de primera mano la región conocida como Mare Orientale, un gigantesco cráter de aproximadamente 950 kilómetros de diámetro ubicado en el hemisferio sur lunar. Esta formación, originada hace unos 3.800 millones de años, se remonta al periodo del Bombardeo Intenso Tardío, cuando la Tierra y la Luna fueron impactadas por numerosos asteroides y cometas.
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Según la NASA, el impacto que dio origen a la cuenca habría sido provocado por un asteroide de unos 64 kilómetros de diámetro. La colisión expulsó enormes cantidades de materiales equivalentes a más de 135 veces el volumen de los Grandes Lagos de Estados Unidos, que posteriormente volvió a caer sobre la superficie lunar, formando tres anillos concéntricos característicos.
El material expulsado se elevó hasta unos 100 kilómetros de altura antes de colapsar, generando profundas fracturas que atravesaron la corteza lunar. Con el tiempo, estos materiales se redistribuyeron, dando forma a los anillos exteriores, mientras que el interior surgió del colapso de un pico central inestable.
Aunque esta cuenca ya había sido fotografiada por misiones no tripuladas, esta es la primera vez que seres humanos la observan directamente. Este método ha permitido a los astronautas identificar detalles de color y textura que no pueden captarse con cámaras, aportando una nueva dimensión al análisis científico.
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Además de Mare Orientale, la tripulación estudió otras formaciones relevantes como la cuenca Hertzsprung, el remolino lunar Reiner Gamma considerado un posible sitio de aterrizaje futuro y los cráteres Glushko y Ohm, todos ellos clave para entender la evolución geológica de la Luna.
La misión ha transmitido ya decenas de gigabytes de datos e imágenes, que servirán como base para futuras investigaciones y para los planes de establecer una presencia humana permanente en la Luna, paso previo a misiones tripuladas hacia Marte.
Se espera que la nave Orión regrese a la Tierra el próximo viernes, amerizando en el océano Pacífico frente a la costa de California, culminando así una misión histórica para la exploración espacial.