En un hecho histórico para la política peruana, el Congreso de la República aprobó la vacancia presidencial de Dina Boluarte por “incapacidad moral permanente”, con 121 votos a favor, ninguno en contra y sin abstenciones, durante una sesión que se extendió hasta la medianoche del viernes 10 de octubre de 2025.
Con esta decisión, Boluarte se convierte en la sexta mandataria en dejar el poder en menos de una década, reflejando la profunda inestabilidad política que atraviesa el país. La presidencia fue asumida de inmediato por José Jerí, actual presidente del Congreso, quien deberá conducir el proceso de transición conforme a lo establecido por la Constitución peruana.
El proceso de vacancia fue promovido tras una serie de acusaciones de corrupción, entre ellas el polémico caso “Rolexgate”, y por la falta de control del gobierno frente a la creciente inseguridad ciudadana. Las mociones, respaldadas inicialmente por 34 congresistas de distintas bancadas, tomaron fuerza luego del ataque armado ocurrido en el concierto de Agua Marina en Lima, que dejó cinco personas heridas y generó un fuerte rechazo social.
Ese hecho terminó por detonar el debate político y acelerar la votación que culminó con la salida de Boluarte. Los partidos que alguna vez la respaldaron como Fuerza Popular, Renovación Popular y Alianza para el Progreso se sumaron finalmente a la moción de vacancia.
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Tras la destitución, José Jerí, abogado y congresista de 39 años, asumió como nuevo presidente del Perú. El político, militante del partido Somos Perú, fue elegido presidente del Congreso en julio pasado y ahora deberá enfrentar el reto de estabilizar un país sacudido por la crisis institucional.
No obstante, su llegada al poder no está libre de controversia. Jerí enfrenta investigaciones judiciales por presunta violación sexual y enriquecimiento ilícito, aunque él niega los señalamientos y ha manifestado su disposición a colaborar con las autoridades.
La destitución de Boluarte marca un nuevo capítulo en la crisis política que vive el Perú, donde la figura presidencial continúa siendo una de las más inestables de América Latina.