En el evangelio de hoy se nos manifiesta que el amor de Jesús para con los suyos no tiene límite, se da hasta el extremo, es decir, Jesús no ama con condiciones, no ama esperando algo. Debemos saber que Dios nos ama a pesar de todo, no nos ama por lo que somos, sino, a pesar de lo que somos, eso es una muestra de que Dios nos ama sin límites y hasta el extremo.
Los grandes sufrimientos de hoy referente al amor se dan porque damos esperando algo y no siempre lo que se espera es lo recibido y es allí donde llega la frustración y el desconsuelo del ser humano, es por ello que aprender amar hasta el extremo se hace necesario para superar las frustraciones y asumir las situaciones complejas de la vida.
Le puede interesar: Jueves Santo, el regalo de la Eucaristía
En ocasiones nos suele pasar como a Pedro, que no queremos dejarnos lavar los pies de los demás, porque no queremos reconocer nuestras limitaciones, no queremos manifestar lo que no está bien en nuestra vida. Aceptar ayuda del prójimo, muchas veces puede parecer para nosotros un signo de debilidad, de vulnerabilidad y de pérdida de autoridad, pero en realidad dejarse lavar los pies significa humildad, para aceptar que no se puede solo y que se necesita la ayuda de Dios y el otro (el hombre) para sanar y seguir adelante desde el amor.