El 8 de diciembre la Iglesia celebra el dogma de la Inmaculada Concepción; es decir, la verdad de fe que proclama que María, desde el primer instante de su existencia, fue preservada del pecado original por la gracia de Dios.
La Iglesia Católica celebra hoy uno de sus dogmas de fe más importante, la concepción de la virgen María, y que además ha definido a lo largo de los siglos cuatro dogmas fundamentales sobre la Virgen María: su maternidad divina, su perpetua virginidad, su Inmaculada Concepción y su gloriosa Asunción al cielo.
El P. Román Sol, experto en Mariología y Teología espiritual de la Universidad de Navarra (España), explica que a través del dogma, la Iglesia Católica reconoce oficialmente “una verdad revelada por Dios, contenida en la Escritura o la Tradición”, en la que “es obligatorio creer para permanecer en la fe”. En este sentido, la definición de un dogma no crea una nueva verdad, sino que sirve para “explicitar, interpretar y autenticar una verdad que ya estaba presente en la Revelación”.
1. Maternidad divina de la Virgen
El primer dogma, la maternidad divina, fue proclamado en el año 431. En aquella época, Nestorio, patriarca de Constantinopla, sostenía que Jesús era dos personas distintas: una divina y otra humana.
2. Perpetua virginidad de la Virgen
El segundo dogma, el de la virginidad perpetua, explica el P. Sol, habla de “la singularidad de la concepción de Cristo y su relación única con Dios”. Este segundo dogma deja claro que la Virgen María “no conoció varón ni antes ni después del parto, y no tuvo otros hijos”, asegura por su parte el P. Maurizio Gronchi, consultor del Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano y profesor en la Pontificia Università Urbaniana.
3. Inmaculada Concepción
El 8 de diciembre la Iglesia celebra hoy el dogma de la Inmaculada Concepción; es decir, la verdad de fe que proclama que María, desde el primer instante de su existencia, fue preservada del pecado original por la gracia de Dios. Este dogma fue proclamado por el Papa Pío IX en 1854, “después de siglos de debate en el ámbito de la Teología sobre cómo la Virgen podría ser redimida si antes no había contraído pecado”, asegura el P. Sol.
Finalmente, este dilema se resolvió “con la fórmula de la redención preservativa, es decir, su redención consistió en no contraer el pecado original”.
4. Asunción de la Virgen María
Finalmente, Pío XII proclamó en 1950 el dogma de la Asunción gloriosa que proclama que la Virgen María, terminada su vida terrena, fue asumida a la gloria celestial en alma y cuerpo. A diferencia de los anteriores dogmas, explica el P. Sol, el Papa lo proclamó “sin que se le hubiera precedido discusión alguna, solo para confirmar la creencia del pueblo fiel en la verdad de que María se encuentra en el cielo en cuerpo y alma”.
Las apariciones de la Virgen XIX y XX impulsaron la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción y de la Asunción
El P. Gronchi destaca además la influencia de las manifestaciones marianas a lo largo de los siglos XIX y XX en la proclamación de los dogmas relativos a la Inmaculada Concepción (1854, Pío IX) y a la Asunción (1950, Pío XII): “Las apariciones de la Virgen en Lourdes (Francia), Fátima (Portugal) y Guadalupe (México) le dieron mayor impulso, en el contexto de guerras civiles, mundiales y posguerra”.
El sacerdote también subraya la voz activa del Pueblo de Dios en estos procesos: “Entre 1940 y 1950, en Italia, España y América Latina, se recogieron más de ocho millones de firmas solicitando al Papa una declaración formal sobre la Asunción de María. Peticiones, oraciones, congresos de estudio y estudios teológicos se convirtieron en una sola voz, pidiendo lo que ya en el corazón se había vuelto una certeza de fe: la proclamación de María asunta al cielo en alma y cuerpo”.
Por Victoria Cardiel
ACIprensa