Eso te pasa por chicanero

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

La fila era larga, para ser más exactos, unas trescientas personas; por lo menos en apariencia porque en realidad eran gigantes mitológicos, casi dioses, a juzgar por el tamaño de sus egos y arrogancia.

Era la fila del vuelo hacia Bogotá, y cualquiera que no fuera colombiano hubiera podido caer en el error de creer que iba a viajar con los amos del mundo. Cada amo rodeado de sus 299 lacayos.

Esta actitud pareciera ser parte de nuestros atavismos culturales, y los colombianos vivimos más preocupados por las apariencias que por la realidad. Vivimos obsesionados sobre qué piensan los otros de nosotros, y consecuentemente aparentamos ser de mejor familia y pedigrí que el de al lado.

Nos fascina vivir de titulares, y por esto no es extraño leer cosas como: Falcao el mejor del mundo, Santos en la caratula de la revista tal, Uribe el mejor banquero de la región, o Colombia la tercera economía de América Latina, supera a Argentina. Es sobre esta última que quiero enfocarme.

Cuando el ex ministro Echeverry hizo el anuncio con bombos y platillos, era claro que era un despropósito y uno más de los espejismos estadísticos con que los gobiernos quieren asaltar la buena fe del ciudadano desprevenido.

Imagino que la euforia llevó al gabinete en pleno a brindar con espumosa francesa acompañada con caviar; sin embargo, la realidad es que el argentino vive mucho mejor que el colombiano, y que Argentina sigue siendo la tercera economía mas grande de la región.

Echeverry, en mi opinión, fue un excelente ministro pero su gestión tuvo dejos de folclorismo, que no eran cosa distinta a arrogancia disfrazada de optimismo. No es el único, ya que algunos miembros del gabinete Santos padecen del mismo mal.

Me reí hasta que me dolió la barriga, cuando Echeverry anunció que se iba porque había cumplido en dos años las metas del cuatrienio. Si esto no es ser folclórico, entonces qué podría serlo.

Afirmar esto en Colombia no llega a ser ofensivo porque no puede ser tomado en serio. Las cifras de desempleo real -las oficiales también- son altísimas, la economía esta estructuralmente desbalanceada con un peso exagerado de la minería y el sector energético en nuestra balanza comercial, las importaciones siguen aumentando aceleradamente, el gobierno no atina a darle un manejo sano a la revaluación del peso, la infraestructura nada que despega y el sector cafetero está en problemas, para mencionar solo algunos problemas.

Es inusual que el mago se crea sus trucos porque entonces deja de ser mago, y parece ser que esto fue lo que le sucedió a Echeverry. Una cosa es el país del Dane, aquel por el cual se complace el gobierno Santos, y que nos llevó a creer que éramos la tercera economía de la región, y otro es el país real que vive el colombiano promedio, al cual de nada le sirven los logros del país del Dane porque ni los vive ni los siente.

En otras palabras, Alicia, la del Dane y que vive en el país de las maravillas, no tiene nada que ver con Alicia la que vive en el barrio Nacho Vives en Santa Marta. La del Dane es pura ciencia-ficción.

A Echeverry se le cayó la estantería porque el truco quedó al descubierto, cuando el ministro de Economía de Argentina, Hernán Lorenzino, dijo que Echeverry se la había fumado verdísima, bueno exagero, lo que dijo fue: "con todo respeto, es un error decir que Colombia tenga PIB más grande que Argentina".

Hoy, Argentina teniendo 3 millones de habitantes menos que Colombia, tiene un PIB que supera en 114 millones de dólares al de Colombia. ¡Plop!

Alguna vez sugerí que lo único que Echeverry podía hacer frente a algunos de los problemas no resueltos que le tocaba resolver, era echar porras. Parentéticamente, parece ser que entendió trompadas, como bien puede dar fe Cabrales, el del sobrecosto de los 1500.¡Dije porras Echeverry!

Y como tenía que suceder, después del ilusionismo vino el desilusionismo. Los trucos del Dane no dieron para catapultar a Echeverry a ningún gran cargo internacional.

Aburrido, a Echeverry le tocará irse con sus porras a otra parte, probablemente al FMI, que anda urgido de ellas.

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